Pretty Guilty

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Vida expatriada: La ansiedad está en los detalles

Como extranjera, hay pocas cosas tan refrescantes como entablar conversación con un compatriota, especialmente si es inesperada. Así que cuando dos mexicanas cayeron como del cielo en mi Starbucks de cabecera –porque habiendo tantos cafés en Madrid, decir “un té chai con leche deslactosada alto, porfa” también se siente como estar en casa– entre gritos malcontrolados de “goey” y “chingado”, me di cuenta de que las cosas pequeñas son las que más me dan tranquilidad, y por lo tanto las que más desgastan cuando están ausentes.  (more…)

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Madrid, parte 1, y la lección de Foster.

A Foster le llevó 24 horas enseñarme mi primera lección en Madrid. Íbamos saliendo a pasear, la llevaba a la Zona Canina del Parque del Retiro (a la que jamás había ido), y salimos de nuestro hotel caminando como siempre lo hacemos.  (more…)

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Comenzando de cero

Las últimas semanas se han sentido como un reinicio a mi vida, y me he replanteado todo desde mi ropa –de la que regalé y doné más del 70 por ciento– hasta mi propósito de cada día. Y aunque confieso que no tengo nada claro aún, comienzo a apreciar la oportunidad que tener este hard reset significa.

En unos días llegaré a Madrid, con poco más que dos maletas y un perro. A partir de que pise el aeropuerto, todo es un gran misterio: cómo me iré, dónde viviré, qué haré una vez que esté ahí… y hasta hace unas horas esta incertidumbre me sacaba de quicio. Pero gracias a una institución gubernamental y un incidente de ineficiencia que me hizo perder los estribos como hace mucho no lo hacía –y como, ahora sé, hace mucho necesitaba– de repente me encuentro muy tranquila y con tanta claridad como se puede tener ante un futuro que parece más bien una hoja en blanco que un calendario.

Probablemente solo va durar el resto de la noche. Pero está bien.

Un beso,

P.

 

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Nos vamos a Madrid (y me estoy volviendo loca)

Soy una criatura de hábitos. Me gusta estacionarme en las mismas secciones de las plazas, sentarme en las mismas mesas de los cafés, peinarme de las mismas tres formas todos los días y tomar las mismas rutas para llegar a los mismos lugares. Poder cumplir con estas cosas me hace sentir segura y como que aún si el resto del mundo es un caos, en mi pequeño rinconcito hay algo que sigue igual y que, de alguna forma, eso garantiza que todo va a estar bien.

Quizá la razón por la que busco esa seguridad en lo pequeño, es porque en lo grande me encuentro frecuentemente empujada fuera de mi zona de comfort. (more…)

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La boda (parte 1)

Nota previa: No recuerdo jamás haber comprado una revista “Barbie”, y sin embargo recuerdo claramente el término “fotonovela” relacionado con ella. Y como fallé cada vez que intenté escribir sobre la boda, decidí que una fotonovela es la mejor forma de hacerlo. Si quieren sentirse periodistas llámenle fotorreportaje. Barbie y yo sabemos la verdad. (more…)

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La importancia de llamarse “señora”

Siempre juré que jamás me convertiría en una señora. Mi sueño de adultez era convertirme primero en una MILF que da clases de yoga y es mitad hippie y mitad alcohólica, y después en una viejita que se deja el pelo largo y lo pinta de morado porque fuck your expectations. (more…)

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Aquí, en pleno ataque de pánico.

Estoy teniendo un ataque de pánico. Ahora mismo, en tiempo real. ¿Cómo lo sé? Pasé gran parte del día algo nerviosa y con dificultad para concentrarme, después tuve un periodo corto de productividad muy alta, y luego me acosté en la cama y solo me pude volver a parar porque tenía que alimentar a un cachorrito. Si no fuera por él, ahí seguiría, casi seguramente llorando.

Anoche dormí bien, o tan bien como puedo dormir con cuatro gotas de clonazepam haciendo lo suyo en mi organismo, pero las dos noches anteriores fueron terribles. También resulta que no dormí mucho, y eso casi siempre resulta catastrófico –desde que tengo ansiedad he tenido que decir adiós a las noches de desvelada, sobre todo si al día siguiente tengo que ser medianamente funcional.

Otro factor podrían ser las hormonas. Según mi Hormone Horoscope*, estoy comenzando el equivalente a la tercera semana de mi ciclo, o sea que ya ovulé pero mi cuerpo todavía tiene esperanzas de que esté embarazada y está funcionando como tal: aferrándose a experiencias familiares, liberando progesterona que me deja somnolienta y con dificultad para concentrarme, y en general haciéndome desear comer, comer, comer y estar hecha bolita en el sofá que ya compramos pero todavía no nos llega.

Este es un ataque de pánico poco aparatoso. A veces son así, solo hacia dentro, sin escenas ni escándalos ni gritos ni (tanto) llanto. A veces puedo levantarme para alimentar cachorritos. A veces tengo que esperar a que #ElHubs llegue y lo haga por mí.

Pero siempre, con o sin arrebatos histriónicos, me siento profunda y categóricamente débil, derrotada por el peso de absolutamente nada.

Quisiera decir que todo lo que necesito es un abrazo, o una pizza, o un beso o una copa de vino o echarme al suelo y que los cuatro cachorros que están en mi casa comiencen a lamerme y no me dejen ir. Pero la verdad es que aún si todas esas cosas sucedieran me iría a dormir con esta pesadez que no viene de ningún lado y que evita que yo vaya a alguno.

Hoy #ElHubs tenía partido de futbol y de verdad, de verdad quería ir. Pero no pude levantarme de la cama.

Un beso,

P.

 

*App 100% recomendada.

 

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