El viernes me voy a vivir al DF. Durante seis meses, that is.

Pero primero lo primero: ¿en qué me quedé?

Ah sí, hace 153 días —o cinco meses y un día, who’s counting, anyway?— vi por primera vez a El Dude después de cuatro meses de tener una relación a larga distancia en la que abrazar la laptop era mi actividad favorita. Sí. Están un poco atrasados. Mea culpa.

Desde ese día hemos estado juntos y —hasta donde yo sé, ha —muy felices. Hemos ido a muchos lugares, conocido a mucha gente, llevado a Rocket a todas las aventuras que se nos han ocurrido (pics on that later), lo lleve a clases de yoga, me llevó a aproximadamente 456,245,210 juegos de diferentes deportes* y viajó a mi ciudad natal para conocer a mi familia. Sí. El Dude conoció a la familia.

A primera leída quizá no suene como algo importante. Después de todo en las relaciones modernas —no posmodernas, que son mi tipo favorito de relación— lo más común es que las familias de las dos personas involucradas se conozcan desde hace años, por lo menos en la ciudad pequeña en la que yo nací. Sus padres fueron a la escuela con los tuyos (porque solamente había dos opciones) y sus abuelas tejían sus zapatitos juntas. Excepto cuando tú te vas a estudiar a otra ciudad y conoces al hombre más guapo e increíble del universo y resulta que nadie sabe nada de él, y entonces tiene que viajar 2061 kilómetros para conocer a tu familia y entonces el acontecimiento se vuelve quite a big deal.

Yo me fui unos días antes que él, y lo que sucedió puede resumirse en un párrafo pequeño.

Pisos fueron limpiados, perros fueron entrenados, abuelas fueron invitadas a no hacer mención de matrimonio, y comida y viajes fueron planeados. Todo funcionó excepto lo de las abuelas. Le sigh.

No recuerdo si le preguntaron a él directamente, pero hubo como seis ocasiones separadas en las que fui víctima de un interrogatorio de proporciones medievales —mostly tortura, no tantas preguntas— para saber cuándo pretendo caminar del brazo de mi padre hacia un altar en el que me espera El Dude. Porque amaron a El Dude. Lo amaron tanto que cuando se fue cayeron en profunda depresión y si este asunto no funciona terminaré por casarme en secreto con quien-sea-el-desafortunado porque jamás aceptarán a un ser de menor decencia y porte menos agraciado. Porque la verdad es que El Dude es el ser más carismático y encantador. El asunto es que ya no hay remedio.

Cada una de las veces que me preguntaron dije la verdad, y a lo mejor hubiera funcionado si la verdad hubiese sido que me quiero casar pasado mañana, pero como mi respuesta no fue una fecha lo suficientemente cercana para satisfacerlas —pasado mañana—, la pregunta tuvo que ser re-preguntada con la esperanza de escuchar la respuesta cambiar. Didn’t happen.

El resultado fueron tantos momentos incómodos como calorías fueron consumidas durante ese viaje. Si no saben lo que quiero decir, digamos que no usaré mis jeggings hasta julio, porque si me los pongo no podré salir de ellos (por lo menos sin ayuda de unas pinzas y un par de amigas súper fuertes y con voluntad de hierro).

Resumen: El viaje fue un éxito, El Dude fue aprobado y Rocket tiene mejores fotos que nosotros. Aquí la prueba.

Nosotros, lame pic:

Rocket, supermodelo:

¿Ven?

Ahora… me voy a vivir al DF el viernes. Resulta que estaré trabajando en una revista de moda y belleza a partir de junio y hasta diciembre, y no podría estar más emocionada ni más asustada ni más feliz. Y El Dude se va también, a trabajar a una no-revista de no-moda y no-belleza, como podrán imaginarse. No más larga distancia, por lo menos por ahora.

Si alguien tiene algún lugar adorable para vivir por ahí, sucede que mi avión sale en cuatro días y no tengo lugar para reposar. Supongo que por eso les llaman aventuras.

Un beso,

P.

*El conteo final aún está pendiente. Este número refleja los resultados del conteo rápido.

**Ninguna foca bebé fue dañada en la realización de este post. Excepto cuando la metí a la secadora después de bañarla porque salía algo mugrosa en las fotos. El Dude protestó durante horas.

¡Gracias por compartir!
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Pau

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