Me gusta pensar que soy un libro abierto, por lo menos con las personas a las que les tengo confianza. Me gusta, también, hablar sobre temas de los que nadie habla y que incomodan un poquito a mis interlocutores, porque la incomodidad es el primer paso hacia la normalización. Entonces si hay que hablar de sexo, género, política, dinero o religión, llamo a las cosas por su nombre y las grito –a veces literalmente y en lugares muy públicos– sin miedo. Pero no he llegado a ese punto cuando discuto sobre salud mental, a lo mejor porque me parece un tema mucho más íntimo que los otros.

Hablar de salud mental significa desnudarme frente al otro y revelar mis mayores vulnerabilidades. Significa admitir que no siempre manejo las cosas como me gustaría, que a veces me derrumbo ante los pesos más ligeros, y que necesito ayuda todos los días para mantenerme en pie. Vaya, mi cuerpo lo procesa como una confesión de debilidad, como decir “Aquí, toma, con esto puedes lastimarme”.

Y es verdad. Pueden. Nada me da más miedo que la idea de alguien llamándome “loca”, ya sea por ignorancia, por enojo o solo por querer herirme. Sé que abrirme más allá de mi círculo de confianza más chiquito y confesar que tengo depresión y ansiedad es exponerme a esto, porque no puedo confiar en todas las personas (aunque tengo una tendencia infantil a hacerlo), pero creo que debería poder sentirme segura revelándolo.

Debería poder sentirme segura porque no estoy sola. Debería poder sentirme segura porque sé que si lo hago, tal vez alguien más se sentirá mejor y tendrá esa confianza. Debería poder sentirme segura porque la culpa no la tengo yo, la tiene la química de mi cerebro y yo estoy haciendo todo lo posible por superar ese gigantesco obstáculo.

Y sin embargo vivo con miedo. Siempre, en todas partes, en cada ámbito de mi vida tengo miedo. En especial cuando las pastillas dejan de ser suficientes y mi ansiedad hace una de sus jamás bienvenidas apariciones.

En el trabajo tengo miedo de que piensen que soy incompetente. Que por no poder funcionar el 100% del tiempo no debo estar ahí. Que soy un problema. Que fue un error contratarme. Tengo miedo de que un día deje de importar qué tan bien hago mi trabajo porque las enfermedades de mi mente sean más escandalosas que mis resultados. Tengo miedo de decir las cosas equivocadas. Tengo miedo de confesarme y ser rechazada. Tengo miedo de decir con qué tipo de doctor es esa cita que tengo cada mes y que casi nunca pueden agendar durante mi hora de comida.

Con El Hubs, la persona que más me conoce, tengo miedo de cansarlo. Cada vez que lo empujo porque lo quiero lejos pero lo necesito cerca tengo miedo de que no vaya a volver. Tengo miedo de que se aburra porque no siempre puedo salir a la calle, porque no siempre quiero arreglarme, porque no siempre quiero esforzarme por horas para platicar con otras personas. Tengo miedo de que el espacio en el que me siento segura, y en el que solo está él, le parezca demasiado pequeño.

Con mis amigos tengo miedo de que sus prejuicios les ganen. Que aunque nunca me hayan visto tener un ataque, o no sepan cuando durante las fiestas voy al baño solo a respirar porque, carajo, necesito espacio, si les digo “es hora de mi pastilla” o “no puedo tomar ese shot porque prefiero tomar algo que me haga dormir bien” piensen que estoy exagerando. Tengo miedo de que dejen de verme a mí, y comiencen a ver un enorme letrero sobre mi cabeza que dice “Persona demasiado complicada para mí”.

Lo peor de todo es que sé que debajo de toda esa suciedad vivo yo, y aunque casi nunca me percibo así (porque mi mente prefiere recordarme todo lo malo que tengo), sé que soy una persona alegre, confiada al punto del peligro, que se ríe todo el tiempo y sin ninguna razón, que es capaz de disfrutar las cosas más sencillas, y de trabajar sin detenerse, y de dar el 100% en la fiesta y en la oficina y en el tapete de yoga y en su casa y paseando a su mascota. Y sé que si pudiera decir la verdad sobre por qué a veces, muy a veces, estoy fuera de servicio, lo estaría aún menos frecuentemente.

Pero todavía no. Por ahora un “estoy indispuesta” o “no me siento bien” tendrá que ser suficiente. O no. No lo sé. A lo mejor algún día explotaré y se lo gritaré a todo el mundo. O a lo mejor lo escribo en el blog con la esperanza de que todos los “afectados” lo lean. Prefiero no pensar en eso. La verdad es que discreta discreta tampoco soy.

Exhibit A.

Un beso,

P.

 

¡Gracias por compartir!
Share

Ana Pau

4 Comments on Ansiedad: Efectos secundarios.

  1. Carolina
    December 17, 2016 at 6:09 pm (5 months ago)

    Quisiera que cada letra fuera un abrazo pequeñito pero acogedor. Que las puedas distribuir en esos días en los que sientes que se te cae la vida. Que veas esta “a” y digas, aah, es un abrazo de peluche.
    Toma todas las letras de este mensaje y, por favor, conviértela en un abrazo para cuando respiras mirándote al espejo del baño.
    Besos, mil

    Reply
  2. Eugenia
    December 23, 2016 at 11:56 am (5 months ago)

    Yo vivo con miedo, Pau. De hecho no sé si la palabra correcta sea, en mi caso, “en alerta”. Vivo en alerta, que a su vez se traduce en miedo. ¿Miedo a qué? A todo. Miedo en general.
    Pero ahí están, también, esos momentos de paz, de felicidad, de cero expectativas, de hacer nada -si es que eso existe-, de esos ratos en los que, sin pensar, me dedico a estar -o a aprender a estar-, y nada más. A contemplar, a reír, a disfrutar y a apreciar las cosas más sencillas, a tomar fotos al cielo, al atardecer, a Greta. A veces en ratos de soledad, a veces con el hombre que amo.
    ¿Y sabes qué? Lo que estás haciendo, hablar de salud mental, hablar de tus vulnerabilidades, confesar, con o sin miedo, las batallas del día a día, es, a mi parecer, de lo más valiente. Es uno de los primeros pasos para sentirse seguro, creo.
    Sin mucho más que escribir por ahora, un recordatorio: la gente que te quiere, comprenda a detalle o no la situación, estará contigo.
    Que disfrutes la Navidad, y te deseo lo mejor para este 2017.
    Un beso,

    Reply
  3. Jocelyn
    February 23, 2017 at 12:20 pm (3 months ago)

    Been there, done that (ALL THE TIME)
    Creo que llore un poco leyendo esto y sintiendome super identificada,
    mas no encontraba las palabras para describirlo.
    HE AHI ARRIBA LA PERFECTA DESCRIPCION DE MI SITUACION.
    GRACIAS.

    Segundo articulo que leo y creo que quiero mas.
    Creo que a veces es necesario expresarlo para que otras personas te
    recuerden que hay mas gente asi, gente que es amada y valorada
    por sus seres queridos y que no necesariamente son abandonados por su
    pareja. You gave me such an amount oh hope.
    Btw yo tambien tengo problemas con el Spanglish.

    Saludos 🙂
    Here’s a new fan.

    Reply
    • Ana Pau
      March 6, 2017 at 2:52 pm (3 months ago)

      Jocelyn! No sabes la felicidad que me da leerte. Te mando un abrazo grande!

      Reply

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Comment *