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Estoy en el limbo. Todos mis amigos, y los de El Dude, están casándose y muy felices por ello. Tanta emoción –y tanta mención de flores y vestidos– me tiene, por supuesto, esperando el momento en que “me toque” a mí. Después de la última entrega de anillo en el grupo del guapo hombre al que llamo novio, me sorprendí a mí misma volteando a verlo con una cara tan amenazadora como puedo hacerla diciendo “Dile a los demás que ni-se-les-ocurra. Es mi turno”. 

Y sí, supongo que pronto es mi turno, y está bien. Pero no está perfectamente bien. Como dije, estoy en el limbo. Paso los días en algún punto entre querer unirme al bandwagon de las bodas y sucumbir ante la presión social, y temer a las consecuencias de hacerlo.

Verán, la verdad es que estoy perfectamente feliz como estoy ahora. Finalmente tengo un departamento que me encanta y en el que vivo sola, mis papás no me han mandado dinero en por lo menos un par de años, estoy a punto –parece ser– de tomar un enorme riesgo que me asusta y emociona, tengo planes de viajes y proyectos, me encanta mi trabajo, y El Dude y yo somos muy, muy felices, y estamos seriamente comprometidos con el otro, con o sin anillo.

La verdad, además, es que no me veo como la esposa de nadie, y siento que en algún punto de mi matrimonio irremediablemente perdería parte de mi identidad, y todavía ni siquiera termino de convertirme en quien sea que soy. No he visto de qué soy capaz, y estoy disfrutando mucho el proceso, en parte por mi lado y en parte acompañada por el hombre que creo es el amor de mi vida.

Tener que planear una boda y alterar el curso de algo que va por un camino hermoso no tiene mucho sentido.

El Dude tiene poco que ver con estos miedos. Su posición sobre mi vida es “Haz lo que tú quieras, yo voy a estar aquí para apoyarte” –en términos de cuántos hijos, si trabajo o no, la raza y nombre de nuestras mascotas, si quiero hacerme cirugías, si quiero usar uno u otro método anticonceptivo, cuántas y cuáles maestrías quiero hacer, dónde hacerlas, la boda, qué quiero ponerme para cualquier ocasión y el aparentemente insignificante pero verdaderamente importante hecho de si compro o no cremas de miles de pesos y una cantidad alarmante de zapatos.

Pero con todo y el hombre más comprensivo (y guapo) del mundo a mi lado –yo sé, tengo toda la suerte y esto es un first-world-love-life-problem– tengo pánico de que unir legalmente mi vida a la de alguien más me haga desaparecer.

Eventualmente planeamos tener hijos, y fuera de que eso significa (porque resulta que los órganos necesarios para que crezcan están adentro de mí) que perderé mi cuerpo por lo menos momentáneamente*, es probable que decida trabajar menos para acompañarlos durante algunos años. Es algo que mi mamá hizo y que me gustaría hacer, pero esa decisión no es tan sencilla.

Dejar de trabajar o disminuir mi fuente de ingreso me pondría, irremediablemente, en una situación que para mí (no para todos) es una indignidad, porque mi independencia económica y capacidad de comprarme todas las cremas caras que se me antoje son parte importante de mi identidad y de mi sentido de mí misma. Claro, cuidar a los hijos no es tarea fácil y merece mucho más que un par de zapatos cada cierto tiempo, pero estoy hablando de mis miedos irracionales y de ninguna manera garantizo que esto vaya a pasar o tenga sentido.

Tengo pánico de pedirle algo a mi hipotético esposo. Eso es. No me gusta la idea de perder independencia, de perder capacidad de decidir sobre mi propia vida, de ir desapareciendo poco a poco y de que se me olvide lo que soy hoy o lo que estoy en camino a ser. Soy una feminista que quiere casarse y tiene miedo de que el sistema la aplaste, aunque he hablado sobre romper moldes y estoy segura de que mi también hipotético matrimonio puede hacerlo.

No me malentiendan. Para todos los propósitos, El Dude es el amor de mi vida, y querer pasar el resto de mi vida con él y que él quiera lo mismo me da una felicidad solo descriptible con filas interminables de emojis. Pero eso no quita que el hecho de que casarnos se vea tan real y cercano –no pressure, guapo– da miedo. Y la única solución es confiar en mí (y en que puedo hacer cosas que nunca he hecho) y en El Dude (que nunca me ha dado razones para no hacerlo).

¿A alguien más le da miedo casarse? ¿Por qué? ¿Alguien casado que quiera quitarme los miedos?

Un beso y una foto con El Dude porque merece ser presumido,

P.

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*Si van a decir “pero vale la pena”, “no conoces el amor hasta que los tienes”, o “es el mejor sacrificio que harás en tu vida”, don’t. Estoy segura de que es cierto o creen que es cierto, y en su momento lo sabré, pero por ahora, a mis 25 y recién independiente, me da terror.

¡Gracias por compartir!
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Pau

4 comments on “Casarse o no casarse. O cómo casarse.”

  1. A mi también me da miedo casarme (fuera de que lo veo lejisimos pq ni novio tengo) por que sé que con esta carrera y con el plan de hacer especialidad y la especialidad q elegiré es una que evita a toda costa una vida fuera del hospital, es muy probable que fracase.. muero de ganas de encontrar al amor de mi vida y tener familia pero tambien quiero ser exitosa y reconocida.
    Siento que este dilema, cualquier mujer con sueños y aspiraciones para la época donde vivimos, es algo muy común.
    No tengo la respuesta a qué hacer, ni sé qué es mejor. Estaba tratando de pensar en una buena manera de cerrar mi comentario y la vdd es que no se me ocurre nada… si eres feliz así, amas a el dude y amas tu carrera, crearás constantemente un balance ajustado al momento y ni un anillo ni un papel puede cambiar eso.

  2. Querida P.,

    As a newly wed – apenas este fin de semana cumplimos 3 meses de casados – te puedo decir que yo también compartía todos tus miedos.
    Yo también era, y más importante aún, sigo siendo alguien extremadamente independiente. Me salí de mi casa con 19 años, con todo lo que ello implica: estudiar y trabajar al mismo tiempo para pagar renta, comida, y todos los gastos que ya sabes supone vivir sola; he aprovechado cada oportunidad presentada para viajar, conocer gente de mil lugares, tener experiencias nuevas y de hacer casi casi lo que me de la gana.
    No hay sensación en este mundo que me guste más que la de una nueva aventura y ninguna que me aterre más que sentir que me cortan las alas o que como dices, deje de ser quien soy.
    Sin embargo.. todos estos miedos no tienen realmente absolutamente nada que ver con el matrimonio en sí, sino con uno mismo.
    Lo más importante, creo yo, es que nunca pierdas de vista quién eres, no tanto lo que haces o no ahora, porque al final del día todos crecemos, evolucionamos y cambiamos, y está bien, es como tiene que ser. Si comparo mi yo de 17 años con mi yo de 25, no podría creer el cambio, sin embargo, la esencia de la persona es lo que cuenta y es lo que no debe cambiar. That’s who you really are.
    Segunda cosa más importante, y de hecho por lo que leo ya la cumples, es que tu pareja y el amor de tu vida sea alguien que respete esa esencia, y tu la suya. Y no solo que la respete, sino que la haga brillar más aún por muy cursi que suene. Que sea el aire que empuja tus alas y te apoye en todos tus sueños, metas, proyectos y locuras sin sentido.
    Creo que la frase “El amor te hará libre” es cierta, y en eso consiste el matrimonio.
    Esta claro que cuando te casas hay ciertos sacrificios que tienes que hacer, ya que dejas de ser uno solo para ser dos, pero no lo veo como sacrificios en sí, sino como elecciones que tomas libremente cada día por la persona que amas. Elecciones no muy diferentes a las que ya tomas estando en una relación con cierto nivel de compromiso.
    Sin embargo, si pusiéramos como “contra” esos sacrificios, el “pro” sería que como consecuencia de esa elección, tendrás a alguien que estará a tu lado incondicionalmente, que celebrará tus triunfos y llorará contigo tus tristezas, será quien conozca tus miedos, tus sueños, lo que te hace enojar y lo que te saque de tus casillas o lo que te haga sonreír, será quien te aconseje aunque no siempre te diga lo que quieres escuchar. Es a quien verás después de un duro día de trabajo, con quien no solo compartirás cosas, sino familia, hijos, y lo que venga. El te hará ser más tú. Más de lo que podrías ser si estuvieras sola. Y en eso consiste realmente el amor.

    En nuestro caso te puedo decir que si, yo tengo 25 años y aunque el ya cumplió los 27, técnicamente se casó con 26. Mucha gente nos ha dicho que estamos muy chicos que qué pasa con los estudios, maestrías, viajes, etc etc. Pero la realidad de las cosas es que los dos trabajamos en lo que nos gusta y apasiona, el además está estudiando una maestría y tiene planeado hacer otra y el doctorado, lo cuál me parece fantástico. En diciembre iremos a España, (los viajes, al igual que los estudios no se acaban) y a pesar de que ahora tenemos a un perro que hace de hijo seguimos saliendo a rockear en las noches de fin de semana.

    La verdad es que los 20s es una muy buena edad para casarse, ya que si, quizás aún estás descubriendo realmente quién eres y de qué eres capaz, pero es una etapa de crecimiento en el que aún eres flexible y adaptable, y adaptar tu vida en este momento con la de otra persona y a partir de ahí seguir creciendo juntos, no supondrá tanto esfuerzo. Si te esperas a que tu vida ya esté construida, perfectamente armada, ya tengas tus horarios, tu forma de hacer las cosas, el lugar donde te gusta que esté todo, y te acostumbres a ella.. te costará muchísimo más trabajo deshacer lo hecho, para unirla después a la suya, que también estará construida a su manera.

    Lo único que te puedo decir es que no tengas miedo, no vas a desaparecer, al contrario, si hacen las cosas bien, el te hará ser más tú. Más de lo que podrías ser si estuvieras sola. 🙂

    Un beso y avisa cuando te de el anillo! jaja

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