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Estado actual: Fostered.

Planear planear una boda es mucho más sencillo que planearla. Antes de convertirme en una bride-to-be, creía que tenía todo solucionado y que había imaginado el día perfecto, así que había pocas cosas separándome de hacerlo realidad. Fui una ilusa.

Resulta que así como el baby brain y el period brain hacen difícil que tu cerebro funcione con su fluidez usual, el bridal brain existe, y se encarga de que pierdas todo el enfoque y la perspectiva. 

Exhibit A: La paleta de colores.

Después de varias semanas de planeación, mi planner me preguntó cuál era mi paleta de colores, y me quedé sin palabras. No la tenía.

En primera instancia podría parecer un olvido inofensivo, pero resulta que la paleta de colores no es solo la primera cosa en la que tienes que pensar, sino la primera cosa por la que le preguntaba a mis amigas cuando planeaban sus bodas. Y no la tenía.

Exhibit B: Pinterest.

Cuando confesé que no tenía una paleta de colores, la hermosa Cintya dijo que no importaba, que solo le diera la liga de mi board de Pinterest y ella se hacía una idea. Sorpresa: no había actualizado mi Pinterest desde, más o menos, 1994.

Claro, el espacio existía, y se llamaba “Bridal everything”, pero al entrar me di cuenta de que en algún punto entre la última actualización y el momento de planear mi boda real, aliens me habían secuestrado y sustituido por una persona distinta, a la que ya no le gusta tanto el encaje. Go figure.

Ahora, antes de que el bridal brain me consuma de nuevo, hablaré de cosas más concretas.

Las primeras semanas fueron una locura, en general. Dos días después de recibir el anillo, mi mamá, hermanas, El Dude y yo nos dedicamos a visitar haciendas. Encontramos la que creíamos era la correcta, pero tardamos varias semanas más en reservarla, porque queríamos ver todas las cotizaciones del mundo antes de estar seguros –esta situación se ha repetido tantas veces desde entonces, que la hacienda sigue siendo lo único que tenemos seguro.

Finalmente, elegimos la correcta, la que habíamos sabido desde el principio que lo sería: una hacienda hermosa, que conozco desde que era chiquita pero que no me había planteado como una posibilidad hasta que la vi con ojos de novia. Y es exactamente la cosa que mi imaginación quería que fuese.

Sneak peek.
Sneak peek.

Antes de separar, por supuesto, teníamos que estar seguros de la fecha. Sabíamos que queríamos que fuera en primavera, y sabíamos que queríamos aprovechar Semana Santa para la luna de miel, pero sin que los precios de los vuelos fueran tan altos que la gente no pudiera ir a nuestra boda (o nosotros a la luna de miel). Después de horas (not) de cálculos, decidimos: 25 de marzo de 2017.

Teníamos, además, la ventaja de más de un año para planearla –una ventaja enorme, considerando que la estamos planeando desde Monterrey– y para pagarla… ese pequeño detalle.

Un beso,

firma

 

 

No se pierda el próximo capítulo de Crónicas de la planeación de una boda: “To planner, or not to planner”. 

 

 

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Ana Pau

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