Bienvenidos a nuestra nueva serie: Crónicas de una feminista casada. En ella exploraremos las aventuras y complicaciones de ser irremediablemente feminista mientras estoy profundamente enamorada de #ElHubs y las circunstancias me han orillado a ser lo que más temía: ama de casa.


Escribo este texto desde la tranquilidad que solo puede ser provocada por un fin de semana en un retiro de yoga, así que no puedo prometer que durará. Pero espero que sí, porque los últimos meses han sido los más difíciles, complicados, tristes, felices, exhilarantes, divertidos y agobiantes que he pasado.

Por si es tu primera vez en el blog, un resumen: me mudé a Madrid por el trabajo de #ElHubs y mi identidad se quedó en México.

Y no me arrepiento, la verdad, pero si me preguntan si lo volvería a hacer… diría que solo si me ponen el equivalente emocional a la epidural durante tres meses.

Me llevó casi cuatro meses de vida expatriada sentirme cómoda con las circunstancias. Las primeras semanas estuvieron llenas de incertidumbre e inestabilidad, que es mi peor enemiga, y cuando las aguas se calmaron lo primero que hizo mi cuerpo fue darse cuenta de que de repente no tenía nada.

Desde entonces, y hasta hace un par de días, me sumergí en un duelo muy real, y constantemente recordaba y extrañaba todas las cosas que perdí: mi trabajo, mi independencia, mi sentido de mí misma, mi capacidad de sentirme competente… y hasta mi batidora, mi cuadro favorito en el recibidor hermoso de nuestra primera casa, mi comodísima cama, mi condición física y el uso libre y soberano de mi rodilla derecha en un muy feminista y muy poco realista intento de cargar una maleta por una escalinata del metro. Como suele suceder con los periodos de luto, fue imposible acelerarlo, y mi frustración solo aumentaba cuando me veía en el espejo y me daba cuenta de que las cosas solo empeoraban porque era incapaz de avanzar. Tenía claro que si daba el primer paso todo terminaría, pero me sentía atrapada en mi nueva vida primermundista.

Por si fuera poco creía que no podía hablar del tema. Imagina que una amiga tuya llega y te dice que está sufriendo porque se mudó a una ciudad increíble, por cuestiones migratorias se vio obligada a dejar de trabajar, y su esposo hizo con ella el trato de que podía ser libre, disfrutar de su tiempo y desempeñar toda labor creativa que quisiera durante un tiempo más o menos indefinido. Me reprochaba constantemente lo primermundista de mis problemas.

Y por eso no escribía en el blog. ¿Qué podía escribir? Todo lo que comenzaba (y comencé muchos posts) sonaban como la queja de alguien que definitivamente me caería mal, y con mi pérdida de identidad y seguridad en mi misma se fueron mi voz y mis ganas de hablar. ¿Qué podía decir que valiera la pena leer?

Así, mis días se convirtieron en una especie de retiro de silencio, al que en principio entré involuntariamente y que poco a poco aprendí a apreciar. Resulta que estar sola sin nada que hacer me hizo aprender muchas cosas de mí misma y redefinir todo lo que pensaba que me hacía ser yo.

La verdad es que aún no tengo todo claro, pero por lo menos estoy segura de que pasé por las primeras cuatro etapas (negación, ira, negociación y depresión), y en la aceptación aprendí que también debo tomar mis sentimientos como vienen, aunque a veces sean incapacitantes o (¿peor?) aparentemente incompatibles con mi privilegio.

He aprendido que soy buena cocinando aunque no lo disfrute, que la programación social de no sentirnos productivos si no estamos ganando dinero solo nos lastima, que el yoga y el tiempo son capaces de curar todo –hasta una rodilla– y que se puede ser ama de casa y feminista. El secreto está en la actitud.

Me llamo Ana Paulina y soy feminista, ama de casa (o depa o piso), madre de Foster a tiempo completo, escritora freelance, blogger (de las antigüitas… porque influencer pues no), tengo la libertad de ir a desayunar en martes a las 11 am, y decidí que puedo ser todo eso al mismo tiempo.

Un beso,

P.

¿Eres feminista y estás en una situación que no lo parece? ¡Escríbenos contándonos tu historia y podríamos publicarte! Estamos en equipo@prettyguilty.com

 

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Pau

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