Este post es parte de una fotonovela (si quieres entender eso, ve la parte 1) sobre mi boda. Aquí comienza (y termina) con la fiesta. Enjoy!

Desde el principio de la planeación tuvimos claro que queríamos que la recepción tuviera un ambiente súper festivo y relajado, así que pusimos carritos de helado (y marquesitas!) y fuimos felices. Nuestro único arrepentimiento fue no haber pedido más.
A los novios les encanta verse formales y poner “No niños” en sus invitaciones. Nosotros, en parte por practicidad, en parte por amor y en parte porque miren-esta-foto, armamos un tipo daycare para que los pajes y otros niños pudieran estar en la fiesta y dejar a sus papás disfrutar cuando estuvieran cansados.
Mi mamá no se cree que este momento pasó, así que pongo esta foto como evidencia.
La mejor parte de casarse es saber que estas compartiendo un sentimiento nuevo y muy único con una sola persona: la que tú escogieste.
Y, solo de vez en cuando, abrazarse y decir “omg, nos casamos”.
En su termo había whisky (que alternaba con agua gracias a nuestro súper eficiente mesero). En el mío, solo agua, todo el tiempo. Ah, y hielitos que brillaban.
No sería una buena amiga si pusiera fotos de todo el desastre pre-ramo, así que solamente dejaré evidencia de lo que yo tomé. Las demás invitadas son inocentes.
El ramo para tirar era la cosa más hermosa que he visto.
Las caras.
Esta es mi foto favorita de la boda, lo confieso.
Lo mismo. El resto de los invitados son inocentes.
#guilty
Cuando ya no podía con el cuerpo, fui al cuarto, y mi amiga D., mi cuñada A., y mi hermana Sofi se unieron a mí.
¿Creían que nos íbamos a olvidar de Rocket? Jamás.
Y fueron felices para siempre. O por lo menos lo siguen siendo 11 meses después <3
¡Gracias por compartir!
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Pau

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