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*El texto que sigue está lleno de paréntesis. Parecen excesivos, sí, pero la estructura es anecdótica por completo y cuento la historia como me viene a la mente.. y mi mente está llena de paréntesis. Lidien con ello con optimismo, o no los lean (si quieren perderse de pequeños momentos de lo que espero que sea risa). 

El día comenzó muy normalmente: saludé a los 4 chihuahueños habitantes del household Valencia, discutí con mi mamá por no-sé-qué, pasé toda la mañana acostada porque desde que llegué a Mérida una semana antes no había podido dormir bien, no me dio tiempo de maquillarme los ojos antes de salir (si a poner-delineador-en-todo-el-párpado-y-difuminar-con-el-dedo se le puede llamar “maquillarme”) y sufrí por estar inflamada y reteniendo líquidos después de siete días de comer cual mujer justo después de su boda (¿premonición?).

Como en Mérida no tengo coche (y en Monterrey tampoco, ¿a quién engaño?) mi tía me prestó el suyo, gracias a lo que, después descubrí, fue parte del plan de El Dude, que quería asegurarse de que tuviera completa libertad de movimiento. En un momento verán por qué.

De hecho, esta fue la única razón por la que mi mamá y hermanita menor supieron de la propuesta por adelantado. L, la hermanita de en medio, le había pedido el coche en cuestión a la tía en cuestión, y cuando mi mamá lo pidió para mí, la tía le dijo que ya se lo había prometido a L. Así que L. tuvo que revelar la verdad, cosa que funcionó bien –justo antes de que me dirigiera al lugar, mi querida madre tuvo a bien sugerir que me maquillara los ojos. Gracias a eso en las fotos parezco un ser humano y no un guppy bebé (pancita incluida).

Se suponía que El Dude llegaría a disfrutar el calor del sureste mexicano el domingo 27 de diciembre, día de nuestro aniversario. El sábado en la mañana, me envió un mensaje diciendo que un buen amigo suyo necesitaba que le lleváramos unas muestras de cerveza (el amigo en cuestión hace cerveza) y que por favor pasara por ellas. Como me puse a hacer muchas preguntas (¿cuántas son? ¿cabrán en las maletas? ¿podremos tomarnos algunas?) me dijo que mejor hablara con el amigo, que procedió a darme instrucciones: tenía que pasar por las supuestas muestras entre 4 y 5 de la tarde, porque antes no habría nadie en la casa ya las 5 tenían que salir al aeropuerto.

A las 4:25 en punto llegué a la casa, y aunque no había ningún coche afuera (cosa que me hizo pensar que a lo mejor aún no habían llegado las personas involucradas en la falsísima entrega de la falsísima cerveza) decidí tocar la puerta. Un señor me abrió, y siendo el angelito que soy me presenté diciendo: “Hola, vengo de parte de José Luis, por unas muestras de cerveza”.

El hombre me vio con cara de que no tenía idea de qué estaba hablando, y procedió a pedirme que pasara a la terraza a esperar, mientras lo averiguaba.

Puse un pie en la terraza cuando me di cuenta de que quizá adentrarme en las profundidades de una casa ajena no era lo más educado, así que regresé al recibidor y me puse a pensar en lo bonita que era la casa y ponderar si sería o no raro (sí, la respuesta es sí) tomar unas fotos para L, estudiante de arquitectura.

De repente, sentí una presencia en la terraza, y al voltear mi primer pensamiento fue “Ese hombre (ok, pensé “bato”, lo confieso) se parece mucho a El Dude”.

El hombre parecido a El Dude, antes de proponerle matrimonio a su novia.
El hombre parecido a El Dude, antes de proponerle matrimonio a su novia.

Evidentemente, mi cabeza no registró que traía unas flores en la mano derecha, y la mano izquierda cerrada. Cuando lo reconocí, lo abracé y pensé “Qué lindo, me sorprendió llegando un día antes”, sin reflexionar en que hubiera sido una sorpresa bastante elaborada.

En medio del abrazo, vi a una persona entre los matorrales con una cámara en la cara, y pensé: “El pelo de esa persona se parece mucho al de L”. ¿Ven? No estaba entendiendo nada.

Después, así, abrazándome, me preguntó si me quería casar con él, y hasta ese momento todo tuvo sentido: las flores, la mano cerrada, la sorpresa, L entre los matorrales… omgesenserioquierequelecontesteomg.

Y le dije que sí.

Pancita de goopy.
Pancita de guppy.

Entonces se hincó, tiré mi celular al piso de tantos nervios, tuvo que quitar las llaves que tenía convenientemente colgadas de *ese* dedo, y listo. Nos volvimos a abrazar mientras yo le preguntaba quién sabía, qué hacíamos ahora (con mucha más ansiedad que esto) y L nos rodeaba como una verdadera paparazzi. Nos tomamos un par de fotos, y reveló que había contratado a un chef para preparar mis comidas favoritas, y tuve que olvidar que acababa de comer *todo* el recalentado de casa de mi abuela… y doble postre.

Comimos/cenamos, tomamos y tomamos, estuvimos muy felices, nos dimos muchos besos y al día siguiente mi familia nos preguntó hasta quién nos iba a poner el lazo, mientras nosotros superábamos la cruda más bonita de nuestra vida.

Un beso,

P.

 

¡Gracias por compartir!
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Ana Pau

2 Comments on La propuesta.

  1. Alba
    January 5, 2016 at 12:09 pm (1 year ago)

    Dos palabras: Me encantó

    Reply
  2. Mich
    January 6, 2016 at 8:56 am (1 year ago)

    Love u, que emoción!!! Moría por leer la historia y me da muchísimo gusto que el TAN esperado día, del que tantas veces platicamos sentadas en las sillas de la oficina que nos hizo conocernos haya llegado, tan natural, tan bonito y tan SORPRESA por que eso es lo que hace ese momento Mágico.

    Mil besos y felicidades nuevamente! 😉 (emoticon jaja)

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