A una amiga de F. le fue dado un anillo. A E. le fue insinuado que pronto podría recibir uno. He hablado antes de las bodas, y quienes me conocen saben qué modelo de Tiffany’s es el indicado y mis planes de inventar unos tacones que no provoquen incomodidad alguna antes de la fecha, para evitarme la pena de usar esos espantosos tenis decorados. O cosas peores.

Pero el estrés que F. tras expresar sus felicitaciones, asistir a la fiesta organizada para celebrar el compromiso y pensar qué iba a ponerse no tuvo que ver tanto con el hecho de que su amiga hubiese sucumbido ante lo que muchos considerarían un convencionalismo social, ni a considerar que su amiga era demasiado joven. De hecho fue todo lo contrario: la revelación de que ya no somos demasiado jóvenes.

Y entonces sucedió. La pregunta. ¿Cuándo debemos crecer? ¿Qué implica, para una mujer con una educación tradicional dentro de su familia pero una posmoderna en todo otro ambiente, hacerlo*?

Primero está la decisión: ¿qué quieres? En mi experiencia, las mujeres que no vivieron esta contradicción entre el rol que durante los primeros años de su vida creyeron debían ocupar y las expectativas de quienes ven en ellas un potencial de hacer algo distinto, toman la decisión de forma mucho más sencilla, porque no sienten que decepcionarán a nadie. Quienes si la vivieron caen, por lo general, en una de tres categorías.

1. Las que priorizan la tradición. Quieren y tienen un esposo. En algunos casos no discriminan con tal de tener uno. El que sea. Quieren y tienen bebés siempre legítimos, y muy probablemente nada de acción (o mucha acción en secreto y llena de remordimientos) antes del matrimonio. Decepcionas a todos esos profesores y mentores que creen que tienes cara de futuro Premio Nóbel. Really sweet.

2. Las que priorizan lo profesional. Quieren y tienen doctorados, premios y dedican su vida a promover la libertad absoluta de la mujer. (En algunos casos sin contar la libertad de casarse si así una lo desea). Decepcionas, pierdes la herencia y probablemente provocas un infarto a tus ancestros. Rechazas al dragón diminuto al que asignan tu cuidado. Really estimulating.

3. Las que quieren tenerlo todo: F., E. y yo. Quieren (pero no siempre pueden) mantener a sus padres, abuelos, tia abuela y hermanitos menores contentos. Quieren (pero no siempre pueden) encontrar el amor. Con alguien que las vuelva locas y que sientan que es el correcto aún si no lo parece. Quieren (pero no siempre tienen) una familia a la que puedan cuidar mágicamente mientras son exitosas en su trabajo. Pretenden no decepcionar a nadie. Really impossible?

Si decidimos tomar el riesgo de intentar tener todo –por aquello de quedarse sin nada– ¿cuándo debemos comenzar a preocuparnos por qué? ¿Debemos ahorrar desde ahora para el coche que no pretendemos pedir a nuestro esposo que nos compre? ¿Sería prudente comenzar a discutir con nuestra pareja que pretendemos viajar por todas las Fashion Weeks cada año para que planee su vida de forma acorde? Lugar de residencia: ¿él donde nosotras queremos o nosotras donde su maestría llama? ¿Sobreviviríamos a vivir separados? ¿Nos casaremos solamente para no hacerlo? ¿Cómo le digo a mis papás que vamos a vivir juntos? ¿Y mi carrera? ¿Y su carrera? ¿Comprar un perro será el primer paso para tener hijos? ¿Cómo ganaré el Pullitzer si tengo que alimentar al perro? Cristo.

 No queremos pasar de un papá a otro. No creemos que sea correcto que tu esposo te adopte el día de la boda. No aprobamos el incesto. Tenemos clarísimo que dos salarios son mejores que uno, y que lo último que queremos es tener que pedir dinero cada vez que se nos antoja salir por un café con nuestras –igualmente conflictuadas– amigas. Nos preocupa nuestra independencia, pero aceptamos que queremos entregar parte de nuestra libertad para ganar otras cosas. O queremos una cosa más que la otra, pero tememos decepcionar a quienes confían en nosotras.  O tal vez solamente somos indecisas. O creemos que ambos aspectos tienen el mismo valor, y no queremos perdernos.

De cualquier manera la respuesta es la misma. Haberte hecho la persona que eres en circunstancias contradictorias no cambia lo que tienes que hacer. Todos tenemos que descubrir quiénes somos y a dónde queremos llegar. Es una de las cosas más difíciles de hacer en la vida, porque, lo admitiré, tampoco creo que sea necesario saberlo todo y saberlo ya. Darle el tiempo necesario a las cosas es parte de crecer.

Crecer implica enfrentar tus miedos. Implica tomar las decisiones difíciles, y darte cuenta de que las personas que verdaderamente importan aceptarán a la persona que eres. Aún si esto implica un escándalo familiar, la pérdida de tu herencia o renunciar a ese Nóbel. Los que te quieren, deben quererte a ti. Completa. Crecer significa que la desaprobación deja de ser importante.

Al final del día no puedes ser nadie más que tú. Y quizá no puedas cambiar las circunstancias para adaptarse a lo que necesitas, pero puedes tomar las decisiones correctas conforme las situaciones se presentan. Si todas tus elecciones apuntan hacia la misma dirección, tú, eventualmente llegarás a tu destino.

Un beso,

P.

@TipoPauYAsi

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Pau

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