Es el primer día del año y estoy acostada en una hamaca en el cuarto de mi hermanita. Son las 9:38 de la mañana. El resto de mi familia sigue dormida, aunque todos compartimos el problema gravísimo de ser morning people en un mundo que prefiere dormir hasta tarde y tomar café. Yo, en cambio, soy #TeamBebidasEnergéticasEnLaNoche, porque no me queda más remedio.

Llevo una semana en Mérida, y aunque normalmente digo que ese es mi límite, la verdad es que estos días han sido lo mejor que me pudo haber pasado. Necesitaba un hard reset desesperadamente, y hubiera sido complicadísimo conseguirlo con mi rutina usual en Monterrey, que difícilmente me deja tiempo para ver a #ElHubs, y mucho menos energías para reflexionar.

Últimamente esa palabra me asusta: reflexionar. Sospecho que uso el trabajo y el cansancio y a Foster y a la boda como pretexto para no hacerlo, porque implicaría entrar a mí misma, y mi cuerpo reserva esas actividades para cuando estoy teniendo ataques de ansiedad, así que lo que veo no es bonito. Pero estos días en la casa a la que insisto en llamar “casa de mis papás” como un intento de sentirme más adulta –o quizá porque yo nunca viví aquí en realidad– y rodeada de familia me han obligado, de la mejor manera, a redescubrirme, recordar qué soy y qué no soy, y decidir una vez más qué quiero ser. Sí… he pasado esta semana viviendo en una película de Kate Hudson.

Es lindo recordar que tu casa no se define por el lugar en el que estás, sino por las personas con las que estás. En mi caso, fue el primer año que pasé la noche de año nuevo con mi familia de siempre (abuela, tía abuela, papás, hermanas, tíos y tías y primos y primas) y además con mi familia nueva: el amor de mi vida. Quedé sorprendida con lo feliz que me sentí, aún después de un año que me dejó hecha pedacitos y que pensé que terminaría igual: más o menos destruida, completa a medias, definitivamente deshecha y no completamente yo.

Por primera vez en meses me sentí capaz de pensar un poco, y me siento agradecida por muchas cosas que pasaron este año: me casé legalmente con #ElHubs, fue mi primer año completo con Foster, mi mejor amiga y yo logramos cosas que jamás pensamos con Foster the Puppiesmi hermanita va a casarse y la veo feliz, aprendí a reírme de cosas que antes me tomaba demasiado en serio, aprendí a ser libre siempre y egoísta de vez en cuando, pero también que puedo dar más de lo que jamás pensé, sin perder nada. Mi familia está sana, feliz y unida; tengo personas que me aprecian y me cuidan; tengo un trabajo en el que me siento retada; tengo una nueva casa y muchos, muchos planes con el hombre que amo.

Ahora, hacer propósitos es un hábito terrible para mí porque, por supuesto, rara vez los cumplo. La verdad es que rara vez los recuerdo. Pero después del año más difícil de mi vida y más desesperanzador para el mundo (Hola, Señor Drumpf), creo que necesitamos un poco de ingenuidad y locura, así que lo haré una vez más.

Seré más vocal y congruente sobre lo que creo.

Esto va a requerir diplomacia y educación: tengo que aprender a expresarme con propiedad sobre los asuntos que son importantes para mí, para poder debatirlos y defenderlos sin faltar al respeto.

Acción específica: Leer por lo menos un artículo relacionado con género, protección de los animales, política o economía cada día.

Recordaré que el bienestar de mi cuerpo es necesario para el bienestar de mi mente, y que me hace capaz de cuidar a las personas las que quiero. 

Necesito pensar en lo que hago que mi cuerpo haga, desde lo que como hasta la cantidad de yoga u horas sentada en el trabajo a la que lo someto.

Acción específica: Un intento de yoga diario, aunque sean solo estiramientos para sentirme despierta. Jugar a la pelota con Foster en nuestra casa nueva todos-los-días. Decir adiós a la comida procesada a la hora de la cena: todo lo que cene tiene que haber sido preparado por mí, desde cero*. Meditar 20 minutos una vez a la semana.

Besaré a mi esposo todos los días, por más de diez segundos. 

Eso solo es divertido, y por mucho trabajo que tengas no te puedes sentir lejos de alguien a quien besas cada día como yo planeo hacerlo.

Contestaré por lo menos una pregunta de PG por semana.

Por Facebook Live o por escrito, pero serán contestadas.

No son muchos, pero creo que son suficientes. Si los hago realidad, por lo menos la mayor parte de las veces, me convertiré en una persona mejor de la que soy hoy, y ese es el objetivo, ¿no?

¿Alguien más hizo propósitos? ¿A alguien más le da miedo hacerlos? Keep me posted.

En otras noticias, acabo de descubrir que trabajar en la hamaca no me provoca dolor de espalda como hacerlo en la cama. Tengo que poner hamaqueros en la casa nueva.

Un beso,

P.

*Lo sé. Yo también me veo cenando edamames con limón todos los días. Ni siquiera planeo ponerlos en un plato bonito o usar cubiertos para comer.

 

 

¡Gracias por compartir!

Ana Pau

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