IMG_1147Esta es la primera de las colaboraciones sobre la boda que escribirá mi hermanita, L. Si por momentos parece que lo escribí yo, es que resulta que somos la misma persona y yo no tenía idea. Culpo a nuestra familia y a las monjas que nos criaron. Claramente algún día será una gran arquitecta con una carrera secreta de escritora. 

No sabía muy bien por donde comenzar así que supongo empezaré por el principio: la propuesta… y no precisamente la película de Sandra Bullock, que debo confesar he visto unas veinte veces, sino por el día en que se desató la locura en la casa Rubio, locura que aumenta cada día más y dudo que se detenga hasta que P. camine hacia el altar y todos se cercioren que ante los ojos de Dios y ,aún más importante, de mi abuelita y tía abuela, es una santa mujer entregada a un hombre, en este caso El Dude, en sagrado matrimonio (the old-fashioned way).

Para no hacerles largo el cuento, un día llegó mi papá a la cocina y de la manera más disimulada que pudo me dijo: “Juan quiere hablar contigo, quiere que lo ayudes con algo”. Asumí por su cara y su expresión de “es secreto” que era algo importante, así que no me quedó más remedio que mandarle un mensaje a ese sujeto que ustedes conocen como “El Dude”.

Aparentemente el susodicho perdió la razón y decidió que casarse con P. era una buena idea, lo cual es muy conveniente ya que ,según dice mi mamá de forma cariñosa, “nos deshacemos de una” y supongo no es fácil ser madre de tres adorables niñas. Además de que creo que es su forma de fingir que no le duele vernos crecer y alejarnos del “nido” (#vivimosenunmatriarcado).

En fin… El Dude tenía un plan muy elaborado para hacer semejante petición, y requería transporte, comida (dudo que hubiera recordado comer de otra manera ya que se le veía un poco nervioso, por obvias o no tan obvias razones), requería que P. tuviera transporte y comprar algunas cosas. Esa es la parte en la que yo y “El guapo”, o sea mi novio, colaboramos con el asunto.

El 26 de diciembre nos levantamos temprano y fuimos a buscar a El Dude o el susodicho al aeropuerto, lo llevamos a comer y el hombre no dejaba de sostener el anillo, parecía que no quería perderlo de vista, sudaba bastante pero no de nervios… es Mérida, el clima es horrible, y se veía un poco confundido. Fuimos a comprar el alcohol que después de la propuesta se tomaron con singular alegría (editor’s note: así fue. Nos pusimos una fiesta dionisíaca) y fuimos a la casa en donde el hombre se iba a declarar.

La espera parecía eterna incluso para mí, aunque me dediqué a buscar lugares para tomar alguna foto buena. Después de bastante tiempo, a mi parecer, recibí un mensaje en el cual se me informaba que P. estaba en camino, así que nos pusimos en nuestros lugares estratégicos y luego todo pasó muy rápido: la niña entró, estaba confundida como animalito que cayó en una trampa mientras El dude intentaba hacerla entrar en razón, yo estaba escondida entre la maleza e intentaba tener un buen ángulo del asunto… pero como dije todo paso muy rápido.

Cuando me di cuenta estaba yéndome de la casa más impresionante que he visto (con sus vigas y acabados perfectos, además de que todo estaba diseñado con sumo cuidado, incluido el baño y los muebles, que observé durante todo el tiempo de la espera y creo podría describir de memoria) (editor’s note: architecture nerd) y conduciéndome a “La Casa Rubio” donde claramente estaban TODOS (mi abuela, tía abuela, mamá, mi hermanita menor conocida como El Topo, y mis tías) en espera de la primicia. Crucé la puerta de la casa y estaban todas sentadas ‒en ese momento supe que todo había sido un gran error‒ y empezaron a preguntarme todo con lujo de detalle.

A pesar de mi confusión, contesté lo mas que podía como si mi vida dependiera de ello, y desde ese momento todo, absolutamente todo, es acerca de LA BODA. No sé si es porque es la primera nieta en casarse, o simplemente porque a mi familia le gusta hacer alboroto, pero la intensidad con el tema aumenta con el paso de los días… creo jamás había escuchado de tantas banqueteras, DJs, conjuntos, dulces, colores y flores… pero créanme, esto solo es el principio.

 

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Ana Pau

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