Pretty Guilty

Ensayos

Cómo dejar el pasado atrás.

Soy un fracaso con las mudanzas. Tengo el pésimo hábito, adquirido en no sé cuál de mis numerosos traslados, de no terminar de empacar nunca e ir moviendo mis cosas poco a poco. Lo único que consigo es prolongar lo inevitable y gastar mucha más gasolina de la que debería. (more…)

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Pretty Guilty, el aeropuerto, la ausencia de maquillaje y el amor

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El aeropuerto es uno de los pocos lugares en los que no siento ninguna presión por verme bien, quizá porque es el único espacio en el que en vez de recibir miradas de juicio encuentro empatía y comprensión.

Aquí todos están en el mismo barco que yo: la TSA nos hizo quitarnos los zapatos a todos y todos estamos deseando –de forma bastante descarada, y sin pena– llegar a un lugar al que podamos llamar “casa”, aunque sea por unos días.

Así, corriendo y viéndome terrible por el aeropuerto de Chicago, se me ocurrió: ¿y si en nuestra vida amorosa fuéramos tan generosos con los otros como lo somos en el aeropuerto? (more…)

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Pretty Guilty y tener para dejar ir

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Por lo general soy una mujer de esmaltes de gel. Para los menos letrados en los asuntos de las uñas, son pinturas especiales que requieren luz UV para secar, brillan mucho y duran impecables por lo menos dos semanas.

Me encanta que con una cita de una hora estoy lista para todos los eventos que se aproximen, que no tengo que preocuparme porque se fragmenten, que permanecen brillantes hasta el día en que decido cambiarlas, y el proceso de ir al salón a que me consientan un ratito. Pero una vez al año –en parte por evitar una exposición excesiva de mis manos a los rayos UV, y en parte porque detrás de tanta perfección quedan uñas bastante lastimadas– las dejo descansar.

Estando ahora mismo en uno de esos breaks, decidí cubrir mis uñas con esmalte de los normalitos, en un color muy parecido a uno de mis más frecuentes –un rojo oscuro tipo oxblood– aún sabiendo que un par de días después iba a tener que repetir el proceso porque la caída de dicho esmalte era inminente.

Y mientras observaba el fruto de mi trabajo, sentí un golpe repentino de alivio: aunque me encantaba el color de mis uñas, podía elegir quitármelo en cualquier momento.

Esa reacción fue algo muy raro para mí. Dentro de todo, suelo ser una persona estructurada que disfruta de saber qué va pasar después. Hago planes y ,aunque no pasa nada si cambian, me siento más tranquila sabiendo que están ahí y que sé qué camino seguir en caso de que todo lo demás se salga de control.

Pero durante un segundo, viendo mis uñas, fui absolutamente feliz por la sencillez de saber que las dejaría ir y el resultado no sería catastrófico. Todo iba a estar bien, y podía cambiar el color cuando se me antojara.

Mi decisión no era para siempre –sí, en lo que a uñas se refiere, dos semanas son “para siempre– y no era un verdadero compromiso. Era un capricho, un momento de placer, y era sumamente saboreable.

Lo mismo sucede con muchas otras cosas en la vida. Por muy hermosas que sean, hay algo aún más hermoso en el desapego, en saber que se van a ir y que su única función fue hacer de un momento, su momento, uno un poco más lindo.

Pasa con las personas, con los trabajos, con la ropa, con los amigos de la fiesta y con la comida, y para poder disfrutarlos plenamente necesitamos aprender a dejarlos ir, aún antes de saber que van a hacerlo.

Al final del día, para sentirnos completamente libres tenemos que reclamar nuestra libertad, y no hay mejor forma de hacerlo que despreocuparnos por completo. Y la vida se disfruta más así.

Eventualmente, después de un par de días con las uñas perfectas las dejas de notar, porque sabes que siguen ahí. No hay duda, no hay incertidumbre, y no hay la emoción de saberlas falibles y “perdibles”, ni la necesidad de retocar ese fragmento en la punta cuyo color desapareció. Requieren tan poco trabajo que dejan de sentirse, y la vida debe sentirse para ser vida.

A lo mejor debería, aunque no sea en las uñas (sorry, el gel está en el top 5 de los amores de mi vida), dar un descanso al deseo de permanencia, de vez en cuando.

Un beso,

P.

 

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Pretty Guilty y la nostalgia.

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Alguna vez me reencontré con un hombre con el que había pasado momentos muy buenos. Habíamos salido(ish) por unos meses antes de que él decidiera que ya no lo haríamos más, y quedamos en términos excelentes. Tiempo pasó, muchas conversaciones y parejas eventuales pasaron, y decidimos volvernos a ver, con las mismas intenciones casuales que antes. (more…)

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Pretty Guilty, los carbs y el abandono.

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Estoy a dieta. Sí, sé que no estoy muy pasada de peso y sé que la pizza es lo mejor del mundo (es una realidad a la que me enfrento todos los días), pero el asunto es que por primera vez en mi vida decidí comenzar a comer como una adulta consciente de que todo ese pepperoni probablemente no sea lo más conveniente si pretendo verme como Jane Fonda a los 70 años –el verdadero propósito de mi vida. (more…)

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Pretty Guilty y el deber de procrear

Siempre he sabido que, algún día –no te emociones, mamá– quiero tener hijos. No sé si por instinto, por romance o por haber asimilado que así tenía que ser, pero viví más de dos décadas sin cuestionar este hecho una sola vez: quiero ser mamá –algún día, mami, de verdad, detente.

La primera vez que mi resolución se tambaleó fue cuando ese “algún día” se convirtió en un “bueno, tiene que ser aquí si quiero alcanzar a hacer esta maestría en este momento”, y después de leer un par (de docenas) de artículos de HuffPost (etcétera), me di cuenta de algo que las mujeres probablemente han sabido durante décadas: tener hijos no es un juego o un “paso natural”. Tener hijos es un paquete tremendo y, como tal, debe ser una decisión. Y no sabía si estaba decidida. (more…)

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Pretty Guilty y todos esos archivos sin nombre

Recientemente mi adorada laptop comenzó a tener achaques casi tan terribles como los míos. El sonido comenzó a escucharse lejano y como un chillido (pero solo en uno de los usuarios), si oso apagarla tarda 10 minutos en reiniciarse –señal inequívoca de que su fin se acerca, según la experiencia de varios conocidos, de vez en cuando la pantalla se apaga y a pesar de tener 8 megas de RAM suele congelarse en los peores momentos. (more…)

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Pretty Guilty y el combo fatal: traición y distancia.

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He escrito mucho sobre relaciones de larga distancia y he escrito mucho sobre fidelidad e infidelidad, pero recientemente alguien me pidió que escribiera sobre una situación especial: qué hacer cuando te ponen el cuerno (o algo parecido, como una diadema o unas orejas de conejo) mientras estás lejos de tu pareja.

Confieso que me llevó varias semanas comenzar a teclear este post, principalmente porque quería pensarlo bien, y secundariamente porque estoy tomando un curso que se ha robado mi valioso tiempo para pensar pero me ha hecho mejor escritora. Espero. Pido una disculpa por la tardanza a la persona en cuestión, y espero que esto sirva a más de uno. Como he dicho en varias ocasiones: long distance is a b*tch, pero con mucha paciencia, amor y rebanadas de pan blanco con Cheez Whiz, todo es posible. (more…)

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Pretty Guilty and closure

Cuando una relación termina las cosas son confusas. Las noches solitarias pesan más, no poder llamar a alguien que solía estar siempre ahí cuando necesitas ayuda es poco menos que trágico y  tienes que recordar todos esas cosas que olvidaste cómo hacer solo.

Sin embargo, en casi todos los casos el rebote es lo suficientemente rápido. Solo puedes posponer esa visitar al súper (a.k.a no comer nada) durante cierto tiempo y eventualmente alguno de tus amigos saltará al rescate y te llevará cabalgando hacia el bar más cercano.

Pero hay una situación en la que el rebote se complica aún más y quedas atrapado en una vorágine de drama tan justificada que no hay película de Jennifer Lawrence que pueda salvarte. Principalmente porque tu vida es más Hunger Games que Silver Linings Playboook. (more…)

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Pretty Guilty and the job analogy

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Ultimamente me dado cuenta que, con frecuencia, la búsqueda de trabajo tiene muchas similitudes con la búsqueda del amor. Estoy casi convencida de que no tiene nada que ver con mi propia búsqueda de trabajo, y mi antigua (y mantendré por siempre que legendaria) búsqueda del amor.  (more…)

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