Pretty Guilty

Ficción

Ficción 3.

Perdí toda la esperanza. Antes pensaba, aunque fuera solo a veces, que algún día sabría de ti y nos veríamos, que sería como si nada hubiera cambiado; como si tú siguieras igual, y yo siguiera igual, y nada nos importara más que morder el cuello del otro.

Pero solo supe de ti por pedazos, y supe que todo cambió y que no sigues igual. Y me muero por hacerte saber de mí, y que sepas que nada ha cambiado, y que sigo igual. A ver si saber eso te recuerda que alguna vez me quisiste, y que alguna vez no te importó nada. Tienes que saber que no me importa nada.

 

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Ficción 2.

La primera vez que te llamé “amor” dijiste que te gustaba. Lo dije tímidamente, con miedo a que dijeras que era una línea que no podíamos cruzar, aunque yo la había cruzado desde la primera vez que te besé.

Y te besé yo, porque tú no me besaste. Y te quise primero, y te amé primero, y me desnudé primero. Si todo sale bien, supongo, también me iré primero, aunque las estadísticas (mías y solo mías, que son las únicas que cuentan aquí) dicen que seguiré obstinada hasta que obtenga la satisfacción pasajera de saber que, por una vez, tuve más poder que tú. Que me besaste tú, que me quisiste un segundo más, me amaste un segundo más, estuviste desnudo un segundo más.

La improbabilidad de ese final triste y perfecto me mata. ¿Y si sigo así en años? ¿Y si no puedo vivir mi vida por estar jugando con la tuya? ¿Y si nunca me libro de ti? ¿Y si nunca me das lo que quiero?

Sé que me puedes lastimar, y por eso quiero lastimarte. Sé que me puedes romper y pisar aún sin querer hacerlo, y sé que sabes que vas a hacerlo. Si te lo permito, por supuesto; y a lo mejor lo haga solo para ver qué pasa. Solo para ver si puedo hacer que te arrepientas.

Al final del día todos son un juego más, y lo único que te hace diferente es que me desnudé primero.

 

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Ficción 1.

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Quisiera volver a verte. Quisiera poder decirte todo lo que significaste para mí, y que ahora mismo parece que nunca vas a saber. Quisiera hacer algo para que recordaras los buenos momentos por encima de los malos.

Quisiera que supieras cuánto te quise, aunque nunca te lo haya dicho. Quisiera que supieras que siempre te voy a querer, aunque no te lo pueda decir.

Quisiera que supieras que eres especial. Que vas a ser todo lo que quieras. Que vas a ser más de lo que esperas. Quisiera que supieras que verte me derrite. Que solo leer tu nombre me destruye y me despierta. Que pensarte no es suficiente.

Quisiera poder llorar frente a ti una vez, sin pensar que vas a creerme tonta. Quisiera que me dijeras lo que tengas que decirme, sea lo que sea. Quisiera pedirte perdón, una y otra vez hasta que se me acabaran las palabras o me dijeras que no es necesario.

Quisiera poder perdonarme a mí, por haber sido quien fui y no quien necesitabas que fuera, y quien sin duda alguna debí ser. Quisiera que un “perdón por ser yo” sonara en serio y cubriera todo lo que quiero decirte.

Quisiera poder pasar junto a ti y hablarte en lugar de fingir que no me importa que voltees hacia cualquier otro lugar. Quisiera que nuestra cordialidad no tuviera que ser fingida. Quisiera que pudiéramos bromear en lugar de ser cordiales.

Quisiera dejar de pensar en ti todos los días. Quisiera que supieras que lo hago, pero solo si tú también lo haces, aunque sea de vez en cuando. Quisiera saber si a veces piensas en mí.

Quisiera no tener tanto miedo a tu ausencia. Quisiera que no fuera lo único que me queda de ti.

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