Me gusta pensar que soy un libro abierto, por lo menos con las personas a las que les tengo confianza. Me gusta, también, hablar sobre temas de los que nadie habla y que incomodan un poquito a mis interlocutores, porque la incomodidad es el primer paso hacia la normalización. Entonces si hay que hablar de sexo, género, política, dinero o religión, llamo a las cosas por su nombre y las grito –a veces literalmente y en lugares muy públicos– sin miedo. Pero no he llegado a ese punto cuando discuto sobre salud mental, a lo mejor porque me parece un tema mucho más íntimo que los otros. (more…)

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