Soy un fracaso con las mudanzas. Tengo el pésimo hábito, adquirido en no sé cuál de mis numerosos traslados, de no terminar de empacar nunca e ir moviendo mis cosas poco a poco. Lo único que consigo es prolongar lo inevitable y gastar mucha más gasolina de la que debería.

El último ejemplo de esta costumbre es mi estado actual: sentada en el único rincón amueblado de la casa que pronto compartiré con #ElHubs, y con el pendiente eterno de limpiar el depa anterior y cambiar esa puerta que Foster tuvo a mal comerse*.

Adoro mi casa nueva y todas mis cosas están aquí –excepto quizá un par de pinzas de cejas que por mi vida juro se desintegraron en el camino–, pero una parte de mi vida sigue estando lejos. Lo peor es que sé precisamente cuándo dejaré de sentirlo: cuando entregue las llaves y borre el número de mi ex-rentero del celular. Me siento más ligera solo de imaginarlo.

El rincón. Con spotlight y todo (porque no hemos comprado focos).

Cuando decidimos hacer un cambio, aún si no implica la presencia literal de maletas, el primer paso debe ser prepararnos para dejar el lugar anterior atrás. Podría tratarse de tu ex pareja, de las libertades de tu soltería, de una ciudad completa, de alguien que era tu mejor amigo… cualquier cosa para la que ya no hay espacio, porque decidiste que algo nuevo debe ocupar ese lugar.

El proceso involucra las siguientes consideraciones:

1. Lleva lo que te dé alegría. Recientemente me volví fanática y evangelizadora de Marie Kondo, una consultora de organización japonesa que si no conoces TIENES que conocer. La gente suele decir que cambió su vida, y es uno de los raros casos en los que puedo asegurar que no están exagerando.

Su filosofía para organizar tus cosas e, inevitablemente, tu vida, es sencilla: hazlo todo en un solo día, saca todas tus pertenencias y ponlas en una pila (de acuerdo a categorías preestablecidas), y conserva solo las que te den alegría.

Lo mismo aplica para tus mudanzas –físicas o emocionales. Lleva contigo solo las pertenencias que te hagan sonreír y los momentos que valga la pena recordar. Lo demás es solo una carga.

2. Lleva lo que te sea útil. 

Lo confieso: ni siquiera Marie Kondo puede hacer que mis tenis me den alegría. No me gusta su color, los compré solo porque realmente los necesitaba, están un poco más que sucios, y prefiero hacer ejercicio que no requiere zapatos –como yoga o masticar pizza o ejercer mi vida matrimonial… me imagino.

Sin embargo, los necesito. Sí, a veces salgo a correr, o tengo que ir a lugares pedregosos o a hacer algún tipo de actividad a la que no quiero someter a mis botas. Y para eso están los tenis.

En otros aspectos de la vida, necesitamos muchas cosas, desde los platos de nuestras mascotas hasta nuestra capacidad de perdonar. Y aunque a veces no son cosas que quisiéramos tener que llevar con nosotros, a la larga harán nuestra vida (y nuestra nueva situación) más sencilla y feliz.

3. Deja lo que servía únicamente en tu situación anterior. 

Problema A: La puerta de mi ex-cuarto no cerraba bien.

Problema B: Si dejaba a Foster con acceso al cuarto, en menos de 48 horas se sentía reina de nuestra pequeña unidad doméstica y no había quien la bajara de la cama.

La alegría del hogar y soberana de todos nosotros.

Solución: Con un cinturón viejo, amarraba la perilla de la puerta del cuarto a la perilla de la puerta del baño, de manera que Foster difícilmente podía crear un espacio lo suficientemente grande para pasar. PUM! Magia. Pero magia absolutamente inútil en una casa con tres habitaciones, una estancia, una sala de juegos, un cuarto de servicio, un cuarto de lavado y un patio que Foster puede dominar todo lo que quiera. Así que dejé el cinturón, y no lo pensé ni un segundo.

A lo mejor en tu relación anterior debías evitar hacer bromas sobre Trump porque por alguna razón salías con un abnegado republicano. O el trabajo que dejaste te obligaba a usar un software que detestabas pero ahora dominas. O tus vecinos hacían tanto ruido los fines de semana que incluso un animal fiestero como tú tenía que tomar pasiflora, valeriana y té de no-sé-cuántas-flores para poder dormir.

Si la situación específica desapareció, desaparece también el hábito que ya no te sirve. En tu vida nueva hay espacio para muchas cosas… asegúrate de que sean buenas.

Al final del día, la idea es una sola: asegúrate de ir siempre hacia adelante. Prolongar tu partida no hará nada más que retrasar la llegada de la siguiente experiencia increíble, y ambos sabemos que te la mereces… así que ve por ella.

Un beso,

P.

*Si. Foster se comió una puerta. Por favor comenta contándome lo más raro que tu perro se ha comido, todos necesitamos leerlo.

¡Gracias por compartir!

Ana Pau

2 Comments on Cómo dejar el pasado atrás.

  1. Ana luisa
    January 18, 2017 at 9:14 am (3 months ago)

    Mudanza emocional…… creo que me vendria bien. Voy a checar a esa china que mencionas.

    Exito pau. No hay duda que el dude o el hubs o lo q sea y tú serán mas que felices.

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  2. Gerardo
    January 18, 2017 at 4:44 pm (3 months ago)

    Mi perro tenía alma de hiena, se comía desde ligas de hule, hasta lagartijas y ratones, y en alguna ocasión las heces de su cría. May Dog-Jesus have him in his kingdom.

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