Cuando una relación termina las cosas son confusas. Las noches solitarias pesan más, no poder llamar a alguien que solía estar siempre ahí cuando necesitas ayuda es poco menos que trágico y  tienes que recordar todos esas cosas que olvidaste cómo hacer solo.

Sin embargo, en casi todos los casos el rebote es lo suficientemente rápido. Solo puedes posponer esa visitar al súper (a.k.a no comer nada) durante cierto tiempo y eventualmente alguno de tus amigos saltará al rescate y te llevará cabalgando hacia el bar más cercano.

Pero hay una situación en la que el rebote se complica aún más y quedas atrapado en una vorágine de drama tan justificada que no hay película de Jennifer Lawrence que pueda salvarte. Principalmente porque tu vida es más Hunger Games que Silver Linings Playboook.

Esto pasa cuando la otra persona se va así sin más. Sin explicaciones, sin razón aparente, probablemente habiéndote bloqueado de toda red social y aplicando la de esconderse tras las columnas y/o basureros de cualquier área pública que compartan.

¿Sano para esa persona? Hasta cierto punto, sí. Después de todo, ella sí conoce sus razones y sus intenciones. En cambio tú, víctima de las (desconocidas) circunstancias, te quedas preguntándote qué pasó. Y nadie te responde.

Y lo que pasa cuando te preguntas qué pasó y nadie te responde es que especulas. Creas escenarios en tu cabeza. ¿Qué dijiste? ¿Qué hiciste? ¿Será que se dio cuenta de que tu dedo meñique tiene la uña demasiado pequeña? ¿Acaso no le gustaron tus falafels? ¿USASTE DEMASIADO COMINO?

Las posibilidades son infinitas, así que cada vez hay más preguntas y menos respuestas. Pero hay una cosa que no se va: la vergüenza. Como no sabes qué pasó y la decisión de separarse fue de la otra persona, la conclusión a la que llegas es que es tu culpa.

¿Qué hacer? Tengo dos consejos.

Primero para el que tiene el destino en sus manos: Si vas a terminar tu relación, ten consideración con la otra persona. Haya pasado lo que haya pasado, seguramente hubo un momento bueno que te hizo comenzar a estar con ella. Una sola cosa. Toma ese momento, recuérdalo y úsalo como justificación para portarte como un ser humano decente y por lo menos dar un explicación. En persona. Por Skype si están en continentes diferentes y realmente, realmente, no puedes pagar el viaje. No cuelgues apresuradamente y escucha cada palabra. Después de eso puedes sacarlo de tu vida para siempre y bloquearlo hasta de Pinterest (no vaya a ser que descubra tu board de “Wedding stuff” y te dé una sorpresa), pero dale cierre.

Ahora para el que es abandonado sin explicación: El manual infalible para sobrevivir a una ruptura seca y sin anestesia.

1. Elige pensar que no es tu culpa. Es tan sencillo como pensar que es tu culpa pero mucho más reconfortante. Llora una semana, lávate la cara, ve al salón a que te sequen el pelo y te hagan las uñas (todo es mejor así) o alternativamente date un baño con el jabón de mejor olor que puedas permitirte y sal a la calle. ROCK IT. Tu ex-persona (técnicamente todavía es una persona, a pesar de su ausente corazón) snapped y olvidó lo fabuloso que eres. No es tu culpa.

Recuerda que cuando alguien elimina a otra persona de su vida con frecuencia es por razones personales y no porque la otra haya hecho algo en particular. Lo mismo pasa cuando alguien termina una relación. Una cosa es “A mí no me gusta eso” y otra es “Eso está universalmente mal y eres un adefesio”.

2. Permítete estar cómodo. Para algunos (yo) esto significa cama, té chai con muchos endulzantes artificiales y Criminal Minds. Para otros comprar hasta que rechazan todas tus tarjetas de crédito y sientes que te has castigado lo suficiente (yo). Para algunos otros cantar “All the single ladies” en el karaoke de moda (¿hay karaokes de moda?) y con jarra de baby mango en mano (I would never dare to try and be Beyoncé). YOU DO YOU. Porque lo que más necesitas es recordar quién eres.

3. Pero no te derrotes. Pon un límite a tu wallowing. Elimina a Adele de tu iTunes después de cierta cantidad de reproducciones. La lógica es sencilla (y tomada de “Eat, Pray, Love”): si permites que esto te derrote, tu cuerpo descubrirá lo fácil y adictivo que es derrotarse y lo hará con más facilidad la próxima vez que tenga la oportunidad.

4. Habla. Con tus amigos, con tu hamster mascota, con tu manicurista, con el espejo, con Siri, con los pajaritos cual Blanca Nieves. Externalizar la introspección es un proceso sano y necesario. Además siempre ayuda que te den la razón. Puedes enviarme un mail si tu hámster está teniendo un bad hair day.

Si eres de los míos puedes escribir hasta que te dé tenosinovitis y mandar o no mandarle la carta. No le debes nada. Quemarla junto con su camiseta favorita que usabas como pijama funciona igual de bien (disclaimer: No lo intentes en casa, supervisión de un adulto. Puedes donarla, también).

5. No pongas a la otra persona en un pedestal. Aunque no recomiendo pensar solo en los momentos malos y definitivamente debes recordar las cosas lindas para poder perdonar y seguir adelante, evita traducir cada cosa no-negativa de su personalidad a “es perfecto”.

Nadie es perfecto, y definitivamente alguien más, mejor para ti, va a aparecer. Poner a tu ex-persona (y sus opiniones) en un pedestal también hará que te sientas mal. Si lo sabe todo y te cortó, debe ser porque tienes algo malo, ¿no? No. No.

Después de un tiempo habrás sobrevivido. Y una vez que estas seguro de tu supervivencia lo demás es tan sencillo como una dosis semanal del paso número 2 y una date ocasional.

Un beso,

P.

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Ana Pau

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