En su diálogo “El banquete”, Platón cuenta una historias ultra romántica en la que sus seguidores –y los de Paulo Coehlo, sí– basan la espera de su alma gemela. Los seres humanos tenían cuatro brazos, cuatro piernas y una cabeza con dos caras. Zeus se enoja –Disney tenía razón en algo, al parecer–, los divide a la mitad y los condena a pasar la vida intentando encontrar a su otra parte para unirse en el abrazo perfecto del sexo, única manera en que podrán estar tan cerca como lo estuvieron alguna vez. Tierno.  Bullshit, diría Kate Hudson.

Creerle a Platón, o a quien se le haya ocurrido compararnos con naranjas, significaría que solamente hay una persona con la que podemos estar. Por suerte no creo en Zeus –that is so 400 a.C y Xenu es lo de hoy–, así que decreto que las almas gemelas pueden encontrarse en cualquier lugar y esto no necesariamente significa que tengas que procrear con ellas. Es lindo pensar que tus amigos pueden ser tus almas gemelas (u óctuples, who cares?), pero la idea asusta al extenderla al ámbito amoroso. Si no hay una persona con la que estés destinado a estar y ser inmensamente feliz, ¿cómo eliges con quién quedarte? ¿cómo te aseguras de que la persona en la que pusiste los ojos te dará mayor satisfacción que las demás?

Una vez que estás en una relación, la teoría dice que no debes seguir buscando. Ver el menú resulta peligroso si tu plato no es tan sustancioso como esperabas y hacerlo a un lado no implica peleas por la custodia de los hijos. De ahí la importancia de elegir bien, y lo angustioso de la situación: si te tomas tu tiempo buscando a la persona correcta en un menú que solamente se hace más largo, existe la posibilidad de que nada se sienta como lo correcto. ¿Se supone que tomes a uno que es suficiente y nada más, solamente por el miedo de quedarte solo si no lo haces?

Los requisitos en una pareja imaginaria van de lo frívolo a lo necesario. Está claro que necesitas que sea humano –a menos de que tu nombre sea Tammy Lynn– y de preferencia que no viva indefinidamente del otro lado del mundo. No estaría mal que compartieran contextos de crianza, valores familiares y religión o no-religión. La apreciación por la danza interpretativa es más o menos opcional. Es cierto que los requisitos que pones reducen las posibilidades, pero es necesario tomar en cuenta tres factores.

1. La información que tienes sobre cada candidato es limitada.

A veces para comprender cómo se comporta una especie nueva de bacteria submarina tienes que sumergirte y observar. A veces sumergirse es un gran riesgo. A veces cuando te sumerges no puedes salir, aún si los hábitos de la bacteria en cuestión resultan involucrar eventos en los que su ropa interior termina colgada de las aspas del ventilador. Go figure.

2. Aún el menú reducido nunca deja de incrementarse.

Obtuviste la información, cumplió la mayor parte de tus requisitos y decidiste que era la persona correcta. Esto no significa que dejará de haber seres humanos nuevos, atractivos y potencialmente aún más llenos de requisitos secundarios que tu amorcito.

3. A mayor número de requisitos, menor número de posibilidades de que aparezca en el menú. Like… ever. Diría Taylor Swift.

Quieres que no pueda evitar salir sangriento del pit del concierto de Iron Maiden, pero que crea que todas las lecciones de vida del mundo están escondidas en las canciones de Adele. Quieres que corra maratones y que coma tortas de tamal después, para recargar energías. Sí.

En el menú infinito de la vida, elegir un plato se basa en una sencilla cosa: convicción.

Establece un mínimo necesario, con las características verdaderamente importantes que buscas e intenta, tanto como puedas, apegarte a ella. Sé un poco más flexible en el siguiente nivel de requisitos, y así sucesivamente hasta aquellas cosas de las que puedes prescindir.

Encuentra (se dice fácil, ¿no?) a una persona que cumpla con todo lo primordial, con casi todo lo que sigue, con un poco menos de lo siguiente y así sucesivamente. Y entonces evalúa: ¿qué sientes? Si no quieres estar con esa persona, todo lo demás no va a pesar. La forma podrá ser perfecta, pero sin el fondo, sin la absoluta locura, lo bien que se ven juntos será tan nulo como la salud mental de sus hipotéticos hijos.

Si ya tienes a alguien que llena todos los puntos necesarios y además te hace sonreír cada vez que se presenta, stick to that. Sí. El menú se seguirá alargando infinitamente, y conformarse no es algo que le desee a nadie. Pero si tus sentimientos por esa persona siempre fueron honestos y no una forma de autoengaño –tema para otra columna, con seguridad– mientras las sonrisas sigan ocurriendo estarás bien. You’re in freaking heaven. Elegir quedarse con algo extraordinario no es lo mismo que conformarse.  Además, el cielo no tiene que ser el cielo para siempre, y eso también está bien.

Un beso,

P.

@TipoPauYAsi

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Pau

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