makeupon

El aeropuerto es uno de los pocos lugares en los que no siento ninguna presión por verme bien, quizá porque es el único espacio en el que en vez de recibir miradas de juicio encuentro empatía y comprensión.

Aquí todos están en el mismo barco que yo: la TSA nos hizo quitarnos los zapatos a todos y todos estamos deseando –de forma bastante descarada, y sin pena– llegar a un lugar al que podamos llamar “casa”, aunque sea por unos días.

Así, corriendo y viéndome terrible por el aeropuerto de Chicago, se me ocurrió: ¿y si en nuestra vida amorosa fuéramos tan generosos con los otros como lo somos en el aeropuerto?

Verán, mi estado actual puede ser descrito con precisión usando palabras que solo estamos acostumbrados a escuchar de Yuri y sus contemporáneas: “devastada”, “ojerosa”, “exhausta”… y yo agregaría “pies y ojos inflamados” –incidentalmente la consecuencia más común de escuchar a Yuri–, para ser aún más acertada. Y nadie se ha dado por enterado.

Qué absoluta maravilla. Aquí soy libre de vestirme tanto o tan poco como quiera, de maquillarme tanto o tan poco como quiera, y de disfrutar tantas o tan pocas fachas como quiera. Y nadie me juzga. Todos están iguales o todos han visto algo peor.

¿Saben en qué también estamos todos iguales? En la búsqueda del amor (o sus versiones libres de gluten). Y se nos olvida con una frecuencia alarmante.

Desde cualquier posición en la que estemos, se nos hace fácil pensar mal de quienes están en una diferente, o incluso de quienes están en la misma. ¿En una relación? Juzgamos con quiénes salen nuestros amigxs. ¿Solterxs y felices? Qué aburridxs los que se casan y tienen bebés. ¿Vírgenes? Qué zorrxs los que no. ¿Liberadxs? Qué mojigatxs los que no. ¿Una sola relación desde los 14 años? Todos dejen de brincar de pareja en pareja.

En lugar de afrontar que todos tienen su propia historia y que cada historia es válida –como las razones de las ojeras de cada uno en el aeropuerto– nos sentamos a observar y criticar cada hat hair, sin ver nuestro propio fleco desarreglado después de horas durmiendo en asientos incómodos.

A lo mejor es hora de aceptar que todos queremos lo mismo y, aunque nuestras travesías han sido diferentes, probablemente si nuestro vuelo llevara 2 horas de retraso estaríamos igual de descontrolados.

Todos hemos entrado a un aeropuerto con grandes esperanzas, deseando que alguien más se haga responsable de nuestras maletas, sentarnos cómodamente, disfrutar del despegue y aterrizaje y llegar a un lugar en el que todo se sienta bien.

Todo hemos tenido miedo cuando nos hacen quitarnos los zapatos, cuando un completo desconocido nos toca de una forma que no nos gustaría permitirle, cada que no estamos seguros de si la bolsa hermética en la que metimos nuestros líquidos es lo suficientemente hermética, y cada vez que pasamos por una máquina en la que ven hasta las partes del cuerpo que no sabíamos que teníamos y que solo descubrimos después de nuestra primera clase de yoga.

A todos nos han vendido comida que no sabíamos cuánto nos iba a costar hasta que ya era demasiado tarde para echarse para atrás, y nos la hemos comido solamente porque después de pagar lo que pagamos nos pareció que sería un desperdicio dejarla en la aduana.

Todos hemos sentido el dolor de dejar a alguien a quien amábamos pero con quien ya no resultaba práctico estar, porque teníamos que regresar al trabajo o porque estar juntos solo no funcionaba.

Todos hemos tenido nuestra versión humana del Starbucks al que vamos siempre –a pesar de que hay miles de opciones mejores–, porque lo conocemos, nos conoce y nos sentimos cómodos. Es un lugar aburrido y que nos quita más de lo que nos da, pero seguimos regresando a él porque es cómodo y sabemos lo que nos espera. Y dentro de un mundo tan inestable, a veces eso es todo lo que necesitamos.

Todos hemos corrido desesperados buscando una conexión (para nuestro celular) y un poquito de señal de wi-fi, y nos hemos sentidos solos cuando no la encontramos.

Todos hemos perdido conexiones que en su momento parecían cruciales.

Todos hemos estado desesperados por algo, alguna vez. A lo mejor deberíamos dejar de avergonzar a los demás por su forma de lidiar con ello, y podamos concentrarnos en encontrar a alguien que nos quiera así: sin maquillaje y con todas esas maletas encima.

Un beso,

P.

¡Gracias por compartir!
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Pau

1 Comment on Pretty Guilty, el aeropuerto, la ausencia de maquillaje y el amor

  1. Jocelyn
    February 23, 2017 at 12:02 pm (6 months ago)

    Buscando otra cosa, encontre por hermoso accidente este blog y me encanto este post. Creo que sera mi Nuevo vicio en mis tiempos libres en la oficina. Ya quiero mostrarselo a mi Hermana!!!

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