¿Debo eliminar de facebook a mi ex-

Comprar el vestido que voy a usar en mi boda era la parte del proceso de planeación que más me emocionaba. No tenía idea de cómo iba a ir, de cómo me iban a quedar, de si iba a perder todo el control, de si iba a tener que probarme mil o el primero me enamoraría, o de si me gustaría uno que costaba 80 veces mi presupuesto. No tenía idea de nada pero sabía que quería empezar YA.

Decidí comenzar la búsqueda exactamente a un año de la boda. Ya llevaba tres meses comprometida y el momento era perfecto: estaba en Mérida, así que podía llevar a mi mamá, hermanas, abuela y tía abuela y fingir que me estaba tomando el asunto en serio, para después satisfacer mi intención secreta de comprármelo sola en Monterrey, donde nadie me molestara.

Mi plan era tan perfecto que obviamente terminé comprándolo ahí, frente a las cinco mujeres más ruidosas de la historia. Pero eso es otro post.

Por ahora, hablemos de algo más conciso: consejos prácticos que no recuerdo haber leído en ningún lugar, y que si lo hubiera hecho hubieran transformado mi experiencia en algo más cómodo y menos necesitado de remedios herbales tranquilizantes –of which I took plenty.

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En tu primera cita, pruébate un vestido de cada corte: sirena, trompeta (fit&flare), línea A, princesa, imperio… los que encuentres. La verdad es que, a menos de que seas un miembro de la realeza o una celebridad, es poco probable que hayas usado todos estos, y no sabrás cómo te sientes *dentro* de uno hasta que lo estés.

Pinterest, aunque efectivo para entender el mood que quieres, no sabe nada sobre tu cuerpo ni lo que te hace sentir cómoda. Probarte cada estilo una vez te ayuda a saber qué es lo que no quieres, y ese es el primer paso hacia una experiencia de compra sin desfallecimientos.

Toma en cuenta que hay muchas formas de variar un vestido: la silueta, el escote, la tela, la caída… haz la primera ronda con una sola variable –yo recomiendo la forma– y ya que decidas cuál de ellas es para ti, procede a experimentar con todo lo demás.

En mi caso: En esta cita descubrí que no quería telas rígidas ni tirantes gruesos.También supe lo que es ser vista desnuda por un montón de desconocidos.

Tip extra: Lleva “pétalos” de los que cubren tus pezones. Es la apuesta más segura.

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Este consejo va en dos sentidos.

Primero: lleva a personas que te quieran y que puedan ser honestas contigo, y SOLAMENTE a estas personas. Sí, probablemente a tu tía tercera, tu suegra o tu mamá les encantaría acompañarte, pero si no cumplen con esos requisitos solo van a hacer que no disfrutes momentos que deberían ser de ilusión y felicidad.

Segundo: Si la consultora de la tienda está siendo rara o te trae cosas que no te gustan –aunque ya le explicaste qué te gusta– escapa tan pronto como puedas. Es muy importante que puedas confiar en ella No tienes que lidiar con su desatención. Eres la novia, estás a punto de pagar mucho dinero por un vestido que vas a usar una sola vez, y mereces un servicio de primera. La boda ya es lo suficientemente estresante como para que te arruinen este momento.

En mi caso: Moría de miedo de llevar a un entourage tan grande, pero al final valió la pena. Tengo la suerte de que puedo confiar en ellas y de que quieren lo mejor para mí, y se portaron estelarmente. En el caso de las consultoras, hubo una tienda de la que no pude haber salido más rápido ni intentándolo: específicamente pedí que el vestido no tuviera una cosa, y los dos primeros que me trajo tenían exactamente eso. Ugh.

Tip extra: Si quieres mucho y confías mucho en tu entourage pero no sueles disfrutar ser el centro de atención y tienes miedo de sentirte abrumada, échate un shot toma un té de manzanilla antes de tu cita. Me sentí tan abrumada al principio que no pude procesar lo que estaba pasando.

3

¿Esa cuenta de Pinterest que has estado llenando con los vestidos de tus sueños desde que tienes memoria? Es momento de desempolvarla. Unos días antes de tu cita vuelve a entrar en ella, decide lo que te gusta y lo que no, agrega cosas nuevas y déjala perfecta.

Toma en cuenta el lugar en el que será la boda, y pon vestidos con diferentes formas pero con el mismo mood. Esa es la palabra clave: mood, feeling, vibra, como quieras llamarle. El ambiente y la estética de tu boda deben ser consistentes, y tu vestido es parte importante de ello. Así que crea el board con los vestidos que te hacen sentir como quieres sentirte el día de tu boda, ya sea elegantísima y como una reina, relajada y divertida, romántica y algo cursi… es tu boda, es tu vestido y llevar fotos de lo que quieres hará mucho más fácil que la consultora te dé lo que quieres y deje en el fondo de la bodega (donde pertenece) lo que no.

En mi caso: Solo saqué las fotos en el cuarto y último lugar al que fui. Ahí compré mi vestido. El primero que me llevaron.

4

Algunas boutiques no te van a dejar hacerlo. No compres tu vestido ahí. Para empezar, es una pretensión ridícula, porque todos los diseños de todos esos vestidos están disponibles en internet, así que si quisieras copiarlo, podrías hacerlo sin recurrir al drama de hacer una cita y permitir que una extraña te vea sin ropa.

La realidad es que para lo único que quieres y necesitas esas fotos es para saber cómo te ves. Y no puedo enfatizarlo suficiente: LAS NECESITAS. Cómo te sientes en el vestido es importante, pero las fotos de tu boda vas a tener que verlas toda la vida, y todos sabemos que es importante convertirse en esa persona que las sube todas a Facebook, una por una como para que nunca se acaben, y para eso te tiene que encantar cómo sale el vestido en las fotos.

Toma fotos por arriba, por abajo, por un lado, por el otro y por los dos. Toma fotos de lejos y de cerca, de cuerpo completo y de medio cuerpo. Toma fotos del tren y del escote y de la espalda y de los detalles. Toma foto de todo lo que podría obsesionarte después.

En mi caso: Las fotos que me tomaron todavía me sirven para reafirmar mi convicción de que elegí el vestido correcto. Llevo 4 meses sin verlo, y faltan otros 6 más, y eso es mucho tiempo, así que tener esa tranquilidad me hace feliz. En un lugar no me dejaron tomar fotos (y a la chava del probador de al lado sí, porque “ella ya es clienta”). Mi mamá hizo un escándalo –que por primera vez me dio algo de gusto– y nos fuimos. No me enseñaron un solo vestido que me gustara (quizá porque no les enseñé fotos… my bad).

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¿Recuerdas ese vestido o blusa que siempre usas cuando estás en tus días porque te hace sentir increíble aunque estás reteniendo un océano de líquidos? Busca algo que tenga elementos similares.

Lo estoy simplificando un poco, sí, pero la idea es esa: recurre a los cortes que sabes que te quedan bien. Tú conoces bien tu cuerpo, y el día de tu boda no es el día para sentirte disfrazada y artificial (a menos de que sea una fiesta temática y realmente quieras usar el vestido de Fiona de Shrek).

Todos los vestidos –sí, todos– tienen detalles hermosos: el encaje, el escote, los tirantes, la forma en que abraza tu cintura, el tul de la falda, las capas de la cola… todos tienen *algo* que te va a gustar. Pero es importante que mires al resultado completo.

Tu pareja se quiere casar contigo, y para ser tú misma tienes que sentirte como que lo eres. Y para eso tienes que estar cómoda. Y para eso no te puedes sentir disfrazada.

En mi caso: En la misma tienda donde no dejaron tomar fotos me presentaron un vestido precioso pero que no podía ser menos “Pau” (y menos lo que les había dicho que quería): un vestido de satén absolutamente blanco, con cuello de bote. Algo así. El vestido era divino y me sentía como Grace Kelly en él. Solo había dos problemas: mi boda es en una hacienda, al aire libre y en primavera –y no hay nada menos primaveral que ese vestido–, y lo único que comparto con Grace Kelly es que supe que me iba a casar con #ElHubs después de verlo solo tres veces. Así que dejé ir al hermoso vestido, y alguna hermosa novia con cuya personalidad vaya mejor, lo usará.

6

Cuando haces compras importantes y que nunca has hecho antes, puede ser difícil definir qué es lo que quieres. Así que te recomiendo tomar un atajo: piensa en lo que definitivamente NO quieres.

Si comienzas la cita diciéndole a la consultora lo que no podrías tolerar, ahorrarás mucho tiempo rechazando vestidos que no merecían que los tocaras. Además, la consultora te lo agradecerá: cargar esos vestidos es un verdadero workout.

Los demás detalles y lo que sí te gusta, lo irás definiendo poco a poco, y ese proceso es muy divertido.

En mi caso: Mis exactas palabras apenas entraba a la tienda eran “Perdón, ahí vienen” (refiriéndome a mi familia), pero inmediatamente después decía “No quiero bling, no quiero el típico vestido que empieza en encaje y luego se desvanece hacia abajo y no quiero nada tieso ni pesado”.

Tip extra: Aún con todo eso, las fotos son esenciales. LLÉVALAS.

7

La parte más difícil de comprar tu vestido de novia es que, después de encontrarlo, tendrás que esperar muchos, muchos meses para volver a verlo. Mientras tanto, vivirá (como por arte de magia) tanto en tu memoria como en una bodega donde solo podrás esperar que lo estén tratando con el amor que tú le darías.

Se te va a olvidar cómo te queda, qué es lo que te gustaba de él, y te torturará por qué lo compraste tan pronto habiendo tantas opciones en el mundo. Lo bueno es que es mucho mejor tener estas preocupaciones sobre tu vestido que sobre tu futuro esposo o esposa.

Así que tienes que confiar en tu instinto. Cuando pienses en comprar un vestido, ¡hazlo! Si no fuera él, no se te habría pasado por la mente, y no todas tenemos un momento de llanto en el que toda nuestra familia aplaude y ríe y pajaritos bendicen la decisión con cánticos.

Algunas personas recomiendan dejar de ver vestidos después. Yo no, necesariamente. Lo que es seguro es que debes saber confiar en que tomaste la decisión correcta, y así ver más vestidos –en internet, pues, no vayas a más tiendas si ya lo pagaste, por dioooos– no te hará ni cosquillas.

En mi caso: Elegir mi vestido no fue tan emocional como esperaba. Quizá por mi background de moda, fue una decisión bastante racional y práctica, una vez que lo encontré. Y en momentos de crisis he pensado que tal vez debería haber esperado más, o buscado más, o comprado otro. ¿Mi solución? Ver las fotos, sí, pero más una cosa que agradezco a mi hermanita por haber creado: el video. En mi celular hay un video en que salgo viéndome al espejo, analizando el vestido, y sonriendo. Toco la tela, me arreglo el pelo, hago caras… y me veo verdaderamente feliz, y parezco una novia. Cada vez que veo ese video sé que, aún cuando seguramente hay millones de vestidos que podrían quedarme mejor o gustarme más, ese vestido es exactamente el que tengo que usar para casarme con el amor de mi vida.

Tip extra: Cuando encuentres el vestido, pídele a alguien que te tome un video con él. Cada vez que lo veo me siento absolutamente feliz.

8

Pocas personas hablan del tema –por lo menos en mi experiencia– pero la verdad es que los planes de pago de las casas de novias son variados y no te los dicen hasta el final, cuando los vestidos están fuera de tu cuerpo pero dentro de tu corazón.

Algunos de ellos pueden ser decisivos, un make-it-or-break-it en el camino del vestido de tus sueños. En mi caso, me topé con tres opciones: un pago inmediato y un pago a los 30 días; un pago a los 30 días y otro a los 60 días: y un plan de pagos muy amigable (tres pagos, espaciados) en Aire Barcelona –ay les dejo el tip.

No estoy segura del plan de pagos de Stellari, lugar donde compré el mío, porque el precio era súper accesible y lo pagué ahí mismo, pero estoy casi segura de que también era algo bastante razonable.

Por último, les dejo un tip de bonus: no se sientan presionadas para disfrutarlo. Para muchas mujeres comprar ropa cotidianamente es agobiante, y la presión que la cultura pop nos ha puesto encima diciéndonos que este es el vestido más importante de nuestras vidas puede hacer del asunto una verdadera tortura. En este caso, la tortura solo lo es tanto como la dejes serlo, y aún si lo es, ¿qué importa? No hay una línea del tiempo y emociones perfecta que todas las novias deban seguir, y tu cuento de hadas puede incluir un par de bibidi babidi mátenme sin que eso arruine todo el resto de tu experiencia.

Recuerda: es solo un vestido. Y no sé cómo, pero el día de mi boda civil me pasó: todo el mundo conspirará para que, cuando llegue el día, te veas preciosa y seas la novia más feliz.

Un beso,

P.

¡Gracias por compartir!
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Pau

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