amy

Hola P,

Te escribo desde el otro lado del mundo, en un país muy muy lejano. Me vine a este lugar para trabajar por un tiempo y al mismo tiempo me ha servido de terapia para dejar atrás todo el drama del pasado en México. Creo que me he dado la oportunidad para empezar a conocerme, tener nuevas experiencias y divertirme.

Hace un par de semanas, en una cena de trabajo, conocí a un mexicano que estaba en este país de trabajo por unos días. Después de la cena, nos fuimos de fiesta él y yo, junto con un par de amigos. Por alguna razón nos quedamos solos, yo la verdad con unos tragos encima y la quería pasar cool, estaba él y cumplió mi propósito de la noche: bailar, besarme con alguien y recibir buenas atenciones. Al final cada quien se fue a dormir a sus respectivas camas.

Al día siguiente me invitó a salir. Tuvimos una cita de esas que duran todo el día. Caminamos por el parque, comimos helado, hicimos compras, me llevó a cenar, tomamos algo. Creo que fue una buena cita, hubo un par de detalles que no me gustaron (algo normal, nadie es perfecto), como el comentario del outfit que “se vería bien en mí” o su escasa estatura. Pero algo que sí fue muy muy extraño, fue su insistencia en que fuera a dormirme con él a su hotel, me prometió un desayuno temprano y un paseo por la mañana. Fui tajante con un “no”. Después de todo el se iba al día siguiente a su próximo destino y yo seguiría con mi vida.

La mañana siguiente me despierto y veo un par de llamadas perdidas de él. Me escribió un mensaje que decía que la había pasado increíble conmigo y que le encantaría volver a salir conmigo, si yo estuviese de acuerdo, cambiaría su vuelo para quedarse un día más. Yo le dije que no era necesario ya que tenía una excursión y no iba a estar disponible. Más tarde vuelve a escribir: “Cambié mi vuelo, me quedo.” Yo tuve un mini ataque de pánico y puse mi teléfono en modo avión.

Pasaron dos semanas desde el incidente y ayer recibí una sorpresa en la oficina: un ramo de girasoles y un mensaje escrito a mano que decía que lo leyera en casa. La verdad siempre tuve la sospecha de que había sido él, pero atendí el mensaje y esperé hasta la hora de salida para ver el sobre. Sí, era de él. Una carta de dos páginas escrita a mano desde México. Me pareció un detalle súper lindo y estoy de acuerdo que sirve para animar a cualquiera.

Pero, P, ¿qué crees que esté pasando? ¿Será que ya no creo en el romanticismo y en ser flechada por Cupido en un fin de semana? ¿Me he vuelto demasiado insensible? ¿Será que simplemente no me gusta o que en realidad estoy negada a que me guste? Yo sé que ahora no es el momento para una relación, mucho menos para una a distancia. ¿Qué puedo contestarle sin verme como la peor persona del mundo?

Gracias, por leerme!

N.

Querida N,

Primero, es un placer leerte. Segundo, todo lo que sigue.

No porque un joven te mande un ramo y una carta quiere decir que tienes que devolverle el favor o siquiera ponerle atención. ¿Agradecerle? Por supuesto, pero fuera de eso no has adquirido ninguna obligación hacia él. y la posición en la que estás –y tus palabras– sugieren que te inclinas más a no seguir esta incipiente relación que a hacerlo.

Los verdaderos detalles se encuentran en las cosas pequeñas. Un gran gesto no significa que haya grandes sentimientos, y en la mayor parte de los casos solo significan que los grandes gestos le vienen fácil. Puede ser que sí tenga sentimientos hacia ti, pero aún si es así son los sentimientos que pueden desarrollarse en cita y media no son precisamente difíciles de perder, y más que todo me parece que sería difícil profundizar en su relación a) de lejos, y b) antes de que tú termines este viaje de autodescubrimiento en el que estás.

Conocerte es una de las aventuras más importantes y divertidas en las que te vas a embarcar, y no vale la pena perder la oportunidad de hacerlo si no estás convencida de que quieres estar con alguien. Si estuvieras enamorada, sabrías que hacer, y no tiene nada de cínico o de mujer desencantada que tengas tus dudas. Lo que pasa es que con frecuencia se hace a la mujer sentir que está mal rechazar los gestos lindos, cuando en realidad estás en todo tu derecho, porque tu primera prioridad eres tú, no los sentimientos de otras personas.

No se trata de romper corazones por donde quiera que vayas –aunque no dudo que tengas el poder de hacerlo– sino de ser honesta contigo misma y ser justa con ambos. Él merece saber que estás enfocada en otras cosas, y tú mereces hacer valer tu derecho de decir no.

Y si decides que el joven vale la pena –después de horas de introspección, conversaciones intoxicadas y un maratón de GIlmore Girls– go ahead. De nuevo, lo que más te mereces y te debes a ti misma es seguir a tu corazón.

P.D. ¿A él qué le importa qué outfit se te vería bien? Tú te vas a poner lo que quieras, cómo quieras, cuando quieras y porque se te pega la gana, se te vea bien o no, piense el resto del mundo que se te ve bien o no, y digan lo que digan tu madre, tus prospectos y sus secuaces.

¡Gracias por compartir!
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Pau

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