Pretty Guilty

Ficción

Ficción 7

Amor,

Podría escribir tratados sobre nosotros. Podría hablarte por horas de lo que te quiero, del bien que me haces y de lo importante que eres para mí. Podría, pero no puedo.

Es muy solitario tenerte como secreto. Quizá la parte más difícil de amarte tanto es no poder decirlo cuando lo necesito, que es casi siempre cuando duele (que, también, es casi siempre).

Como sea, la verdad es que te amo con ridiculez de adolescente, y aunque no sé cómo estar sin ti, creo que es mejor que mentirme y fingir que estás conmigo.

Es difícil explicar cuánto miedo me das, y saber todos los días cuánto te amo y nunca saber si me amas. Y cuánto te amo, guapo.

Para ser franca, me siento un poco desnuda confesándolo, aunque lo sabes desde hace suficiente tiempo. Pero nuestra dinámica siempre ha sido esta, en la que tienes todo el poder porque te lo di sin pensarlo, y aunque no me arrepiento quisiera que me hubieras devuelto un poquito. Solo lo suficiente para no sentirme tan sola.

Sé que destruirás esta carta, aunque no sé si es porque quieres hacerlo o porque no tienes opción. De cualquier forma, va a ser lo último que recibas de mí, aunque una parte la tengas para siempre.

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Ficción 6

No me busques si vas a mentirme. No me busques si vas a callarte las ganas que tienes de verme y besarme y tocarme y hacerme lo que me hacías. No me busques si vas a irte otra vez. No me busques si no estás dispuesto a quedarte. No me busques si vas a actuar como si no me conocieras más que nadie en el mundo. No me busques si me vas a hablar como si no te conociera. No me busques si no vas a gritar la verdad. No me busques si me vas a dejar pensando en ti y sin poder buscarte. No me busques si me vas a llamar por mi nombre. No me busques si vas a preguntar cómo estoy. No me busques si está claro que lo sabes. No me busques con el pretexto de que nadie te ha contado de mí. No me busques si no les preguntaste. No me busques si sabes que lo único que tienes que saber de mí es que te quiero. No me busques si quieres fingir que no lo sabes. No me busques si me vas a creer cuando te diga que todo está bien. No me busques si vas a hacer que lo que antes era verdad ahora sea mentira. No me busques si vas a hacer que de repente todo deje de estar bien.

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Ficción 5

Nunca me gustó tu pelo. Ni era suficiente –aunque, la verdad, mira quién habla– ni lograbas peinarlo bien jamás. No me gustaba la forma de tus ojos, ni el difícil-de-aceptar-pero-extrañamente-tranquilizador tono de tu voz; la verdad es que tampoco me gustaba tu ropa.

Te veías mejor con barba y preferiste no dejártela porque te daba flojera. Te veías mejor con ropa pero elegías quitártela y volverme loca. Ahora te ves mejor lejos pero insistes en ser omnipresente, porque si hay algo que eres y no sabes dejar de ser, es testarudo.

A ti no te gustaban los masajes. ¿A quién chingados no le gustan los masajes? No te gustaba cuando me amarraba el pelo ni cuando me pintaba los labios ni cuando daba discursos feministas. No te gustaba mi perro, no te gustaba mi casa, y todo está bien porque yo detestaba tu cocina y tu jardín.

No soportaba tu gusto en café ni el humor de tus amigos. No te gustaba que tuviera otros como tú, y a mí no me gustaba que no pudieras ser como ellos: callado, obediente, directo a lo que ibas. Tuviste que arruinarlo todo y enamorarme. Tuviste que hacer que odiara todo pero te amara a ti.

 

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Ficción 4

Hay una versión de ti que fue mía, y no eras el tú de siempre, pero eras el tú de mí. Eras el tú que no tenía miedo, el tú compasivo y amoroso, el tú que me sabía quitar el frío con un beso. Eras el tú precioso, el tú feliz, el tú al que no llamaba por su nombre, el tú al que llamaba “amor”. Eras mi tú y eras mi todo.

Tal vez lo que más duele es saber que sin mí ese tú no existe. Tal vez el dolor es luto por mi versión de ti, y no por extrañar al tú de siempre.

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Ficción 3.

Perdí toda la esperanza. Antes pensaba, aunque fuera solo a veces, que algún día sabría de ti y nos veríamos, que sería como si nada hubiera cambiado; como si tú siguieras igual, y yo siguiera igual, y nada nos importara más que morder el cuello del otro.

Pero solo supe de ti por pedazos, y supe que todo cambió y que no sigues igual. Y me muero por hacerte saber de mí, y que sepas que nada ha cambiado, y que sigo igual. A ver si saber eso te recuerda que alguna vez me quisiste, y que alguna vez no te importó nada. Tienes que saber que no me importa nada.

 

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Ficción 2.

La primera vez que te llamé “amor” dijiste que te gustaba. Lo dije tímidamente, con miedo a que dijeras que era una línea que no podíamos cruzar, aunque yo la había cruzado desde la primera vez que te besé.

Y te besé yo, porque tú no me besaste. Y te quise primero, y te amé primero, y me desnudé primero. Si todo sale bien, supongo, también me iré primero, aunque las estadísticas (mías y solo mías, que son las únicas que cuentan aquí) dicen que seguiré obstinada hasta que obtenga la satisfacción pasajera de saber que, por una vez, tuve más poder que tú. Que me besaste tú, que me quisiste un segundo más, me amaste un segundo más, estuviste desnudo un segundo más.

La improbabilidad de ese final triste y perfecto me mata. ¿Y si sigo así en años? ¿Y si no puedo vivir mi vida por estar jugando con la tuya? ¿Y si nunca me libro de ti? ¿Y si nunca me das lo que quiero?

Sé que me puedes lastimar, y por eso quiero lastimarte. Sé que me puedes romper y pisar aún sin querer hacerlo, y sé que sabes que vas a hacerlo. Si te lo permito, por supuesto; y a lo mejor lo haga solo para ver qué pasa. Solo para ver si puedo hacer que te arrepientas.

Al final del día todos son un juego más, y lo único que te hace diferente es que me desnudé primero.

 

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Ficción 1.

post

Quisiera volver a verte. Quisiera poder decirte todo lo que significaste para mí, y que ahora mismo parece que nunca vas a saber. Quisiera hacer algo para que recordaras los buenos momentos por encima de los malos.

Quisiera que supieras cuánto te quise, aunque nunca te lo haya dicho. Quisiera que supieras que siempre te voy a querer, aunque no te lo pueda decir.

Quisiera que supieras que eres especial. Que vas a ser todo lo que quieras. Que vas a ser más de lo que esperas. Quisiera que supieras que verte me derrite. Que solo leer tu nombre me destruye y me despierta. Que pensarte no es suficiente.

Quisiera poder llorar frente a ti una vez, sin pensar que vas a creerme tonta. Quisiera que me dijeras lo que tengas que decirme, sea lo que sea. Quisiera pedirte perdón, una y otra vez hasta que se me acabaran las palabras o me dijeras que no es necesario.

Quisiera poder perdonarme a mí, por haber sido quien fui y no quien necesitabas que fuera, y quien sin duda alguna debí ser. Quisiera que un “perdón por ser yo” sonara en serio y cubriera todo lo que quiero decirte.

Quisiera poder pasar junto a ti y hablarte en lugar de fingir que no me importa que voltees hacia cualquier otro lugar. Quisiera que nuestra cordialidad no tuviera que ser fingida. Quisiera que pudiéramos bromear en lugar de ser cordiales.

Quisiera dejar de pensar en ti todos los días. Quisiera que supieras que lo hago, pero solo si tú también lo haces, aunque sea de vez en cuando. Quisiera saber si a veces piensas en mí.

Quisiera no tener tanto miedo a tu ausencia. Quisiera que no fuera lo único que me queda de ti.

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