Nunca me gustó tu pelo. Ni era suficiente –aunque, la verdad, mira quién habla– ni lograbas peinarlo bien jamás. No me gustaba la forma de tus ojos, ni el difícil-de-aceptar-pero-extrañamente-tranquilizador tono de tu voz; la verdad es que tampoco me gustaba tu ropa.

Te veías mejor con barba y preferiste no dejártela porque te daba flojera. Te veías mejor con ropa pero elegías quitártela y volverme loca. Ahora te ves mejor lejos pero insistes en ser omnipresente, porque si hay algo que eres y no sabes dejar de ser, es testarudo.

A ti no te gustaban los masajes. ¿A quién chingados no le gustan los masajes? No te gustaba cuando me amarraba el pelo ni cuando me pintaba los labios ni cuando daba discursos feministas. No te gustaba mi perro, no te gustaba mi casa, y todo está bien porque yo detestaba tu cocina y tu jardín.

No soportaba tu gusto en café ni el humor de tus amigos. No te gustaba que tuviera otros como tú, y a mí no me gustaba que no pudieras ser como ellos: callado, obediente, directo a lo que ibas. Tuviste que arruinarlo todo y enamorarme. Tuviste que hacer que odiara todo pero te amara a ti.

 

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Pau

1 comment on “Ficción 5”

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