Como extranjera, hay pocas cosas tan refrescantes como entablar conversación con un compatriota, especialmente si es inesperada. Así que cuando dos mexicanas cayeron como del cielo en mi Starbucks de cabecera –porque habiendo tantos cafés en Madrid, decir “un té chai con leche deslactosada alto, porfa” también se siente como estar en casa– entre gritos malcontrolados de “goey” y “chingado”, me di cuenta de que las cosas pequeñas son las que más me dan tranquilidad, y por lo tanto las que más desgastan cuando están ausentes.  (more…)

¡Gracias por compartir!
Share